Club de Rol Tirada Oculta

LA FRASE DEL DÍA

Todo mal tiene dos remedios, el tiempo y el silencio.
Abate Busoni (El Conde de Montecris

ADMINISTRACIÓN

Usuario:
Password:

TOP Escritores

Jarrid158
Sendero7
Izanur6
Julius2
Rasiel2
Información de la partida
  • La Manada (HOMBRE LOBO)
  • Master: Sendero
  • Resumen de Sendero

Jugadores: Jack (Fenris - Ciu), Ricard (Morador de Cristal - Raul), Terry (Cardona), Zangus (Uktena - Aran), Eric (Fianna - Peña)
Después de la cruenta lucha y de recibir las disculpas de los miembros del Clan del Lobo Invernal, los jugadores fueron conducidos a una cueva para que descansaran. Los ancianos del Clan estaban ansiosos por escuchar las andanzas y empresas que los lobeznos habían de contarles, pero un restablecimiento de una noche era de recibo para estos adolescentes que llevaban 11 días inmersos en una aventura de hielo, sangre y muerte. No obstante, el ojo avispado de los ancianos pudo percibir que la madurez se había presentado ante ellos no como una meta del tiempo sino como un mazazo del destino, aquél que le aguarda a todo Garou en estos tiempo tan aciagos.
Una vez instalados, a los lobeznos les costó conciliar el sueño pues los sucesos por los que habían pasado tronaban en su mente. Fueron los embriagadores sonidos de la madera al crujir bajo las dentelladas del fuego lo que poco a poco los fue calmando llegando a sumergirlos en un sueño intranquilo. Durante toda la noche, Accolon se ocupó de alimentar el fuego para que el viento gélido del exterior no humedeciera en demasía la pequeña cueva.
Eric, el nuevo Alfa de la manada, fue el primero en despertarse y en percatarse de la presencia del Contemplaestrellas. Una hojeada le permitió ver que sus compañeros de manada seguían dormidos, aunque Jack se movía como si alguna criatura del Wyrm estuviera acechándole. Hasta que los demás se despertaran, Accolon le advirtió al Alfa de que se iba a celebrar un Consejo de Clan en el que ellos tendrían que explicar todo lo que les había acontecido… sin tratar de obviar nada importante. Sería una prueba más, quizá la última, antes de ser confirmados como una auténtica manada. Accolon fue en busca de comida para los lobeznos.
Tras los últimos bocados, un largo aullido fue la señal de convocatoria e inicio del Consejo. En una cadena de montículos de piedra en la que resonaba el rumor de una cascada apenas visible, se habían concentrado una parte de los habitantes Garou de la zona. Al acercarse los lobeznos pudieron ver, un poco aislado y solo, a Zangus, su compañero Uktena que por razones que desconocían habían perdido. Mas una gran fogata en uno de los montículos centrales atrajo su atención, así como la mirada de varios ancianos que se encontraban alrededor de la hoguera. Entre ellos se encontraba Furia-del-Invierno, de marcadas facciones y portentosa cicatriz en la parte superior de su rostro. A su lado había un anciano menos robusto que los demás pero cuyos ojos, brillantes en la oscuridad, penetraron en lo más profundo de cada lobezno. Su barba llena de coletas junto a una multitud de adornos en forma de runas daba la impresión de un chamán. Su nombre era Luna-en-la-Penumbra-del-Abismo. A su derecha, estaba Garras-de-la-Paz, quien con su presencia, de un modo inconsciente, apaciguaba a los lobeznos. Fue él quien rompió el silencio e les instó, con una voz sosegada, a que se sentaran. Les dijo que el Galliard Susurros-al-Viento estaba explicando la historia del Narlhtus. Mas Furia-del-Invierno, como Jefe de Clan, dijo con voz ruda: “Muchas cosas se han oído aquí, pero no de los labios de quienes las tienen que decir. ¿Quién es vuestro alfa? ¡Qué hable! Ya va siendo hora de que la disculpe deje paso a las respuestas. ¡Hablad!”. El viento se levantó de repente y la congoja de los lobeznos aumentó. Garras-de-la-Paz lo percibió y para alentar a los lobeznos dijo: “Sabemos que vuestras aventuras no han sido como esperabais y nosotros hemos jugado un rol en eso. Pero sabed que con la revelación de la existencia de la mina y haber salvado a la joven Wendigo, os habéis ganado vuestra inocencia y el respeto de este Consejo. Ahora queremos escucharos para que nuestro Galliard Susurros-al-Viento pueda contarlas en nuestras noches oscuras”.
El Alfa y Galliard de la manada alzó la voz y narró de modo acompasado los infortunios que padecieron desde que fueron expulsados del Túmulo hacía 12 días.
Cuando el relato, desgarrador por momentos, llegó a su fin, los ancianos les dicen que se han ganado el honor a dejar de ser considerados lobeznos y a formar parte de una verdadera manada. Pero para eso primero han de hacer el juramento, y uno a uno, cada miembro de la manada, hinchándose de orgullo y contemplando las estrellas pronunció el juramento: “Juro solemnemente bajo las estrellas, los auspicios y los ojos de Gaia, ser fiel a mi manada y proteger a Gaia y combatir sin descanso y aún sin esperanza contra todo siervo del Wyrm. Mi madre es Gaia y ellos son mis hermanos, mi manada. Que mi juramento empiece hoy y nunca vea la oscuridad”. Ese juramento lo hicieron llamándose a sí mismos bajo su nuevo nombre Garou, aquél que eligieron para ser reconocidos en la familia Garou. Eric sería Aullido-de-Libertad; Jack, Escudo-de-Manada, Ricard, Quebrador-de-la-Tejedora y Zangus, Buscador-de-Sendas. El aullido de manada que elevó al viento Aullido-de-Libertad y que fue secundado por sus nuevos hermanos, fue largo y grave.
En el Consejo también se decidió que Accolon sería el mentor de la manada y el Espíritu Ciervo el Tótem de la manada. En el transcurso de la noche, y bajo sustancias naturales, los hermanos acordaron nombrar a su manada Tejedores de la Luz.
Una nueva manada nació para combatir el APOCALIPSIS!!