Club de Rol Tirada Oculta

LA FRASE DEL DÍA

Todo mal tiene dos remedios, el tiempo y el silencio.
Abate Busoni (El Conde de Montecris

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Jarrid158
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Información de la partida
  • La Manada (HOMBRE LOBO)
  • Master: Sendero
  • Resumen de Jarrid

Jugadores: Jack (Fenris - Ciu), Ricard (Morador de Cristal - Raul), Terry (Cardona), Zangus (Aran), Eric (Fianna - Peña), Riden (Fenris, PNJ)

Resumen de Jack
Al día siguiente Accolon regresó - "Acompañadme. Se acercan tiempos difíciles y debéis prepararos" -. Nos guió hacia las afueras del polígono industrial y nos introdujimos en el sotobosque aledaño, que mostraba los signos de la decadencia humana. Montañas de desperdicios se acumulaban aquí y allá. Pero pronto, justo al dejar atrás un árbol con el símbolo de los moradores de cristal (dos cayados cruzados por cuatro colmillos bajo una luna menguante), el aspecto cambió y nos encontramos en un bosque de aspecto selvático. Naturaleza pura.

En un claro nos esperaban otros garou. Accolon los había convencido para que realizaran un ritual para que nosotros pudieramos purificarnos y perdonarnos por nuestros pecados pasados. También nos sirvió para imbuir de energía espiritual los ropajes que llevábamos y así poder llevarlos a la Umbra. Cuando todo hubo terminado Accolon me llevó aparte - "Serán tiempos difíciles para vosotros y deberéis aprender a evitar la lucha cuando nada podáis sacar de ella. Id con cuidado, pues me llegan presagios de traición. Toma esto, este frasquito puede ocultarte durante un breve periodo de tiempo, puede serte útil en el momento adecuado" -.

Tras el ritual nos llevaron de nuevo a la nave y volvieron a encerrarnos. Nos sentíamos como en una celda, pues nuestra situación continuaba siendo la de unos presos esperando su sentencia. Poco a poco nos fuimos haciendo a la idea de que quizás no saldríamos tan bien parados de nuestras desventuras. Nuestros anfitriones cada vez nos trataban peor y apenas nos dirigían unos gruñidos de amenaza. Apenas nos daban comida y dejaban que pasáramos frío en la gélida estancia. Pero al poco tiempo nuestra situación cambió drásticamente. El sonido de sirenas de la policía rompieron el silencio de la noche. Nuestro celador entró apresuradamente en la sala y nos apremió a salir. Debíamos abandonar el lugar prematuramente pues habíamos sido descubiertos. Él mismo nos guío de nuevo al claro del bosque de los moradores de cristal. Pero dónde antes habíamos encontrado ayuda ahora encontrábamos la peor de las traiciones. Allí, rodeándonos, se encontraban los guerreros del clan del Lobo Invernal. Aquellos que nos acusaron injustamente de las muertes de sus cachorros en Nueva York. Y como líder de la manada se encontraba Daga de Hielo, el belicoso alfa que había escupido a Ricard unas semanas atrás, allá, en los profundos bosques canadienses.

. "Tenéis 5 minutos de ventaja. No más." - nos advirtió Daga de Hielo. No lo dudamos. Echamos a correr como alma que lleva el Wyrm. Todos mutamos a hispo y emprendimos una loca carrera por nuestras vidas. Intentamos dirigirnos al sudeste pero enseguida escuchamos aullidos delante nuestro. Cambiamos de dirección, una, dos veces, pero siempre parecían estar delante nuestra. Nos estaban cazando como a conejos asustados. Decidimos entonces jugárnosla en la Umbra a pesar de que ellos eran más experimentados.

Nada más cruzar la Celosía encontramos la ayuda que tanto necesitábamos. El águila de Accolon estaba en lo alto, dispuesta a guiarnos por el mundo espiritual. A pesar de eso el viaje no resultó fácil. Por el camino nos encontramos con almas en pena que querían retenernos. Espíritus de gente con graves quemaduras, afligidos en una existencia errante. Entonces caí en la cuenta de quiénes eran en realidad. Me arrodillé ante ellos, junto a mis compañeros, y todos les pedimos perdón por haberles arrebatado sus vidas. Nuestro sincero arrepentimiento pareció complacerles y dejaron de atormentarnos con sus lamentos.

Mucho más adelante Zangus notó un gran Mal en las cercanías. Una corrupción que ya habíamos sentido anteriormente. Salimos de la Umbra y, efectivamente, el águila nos había guiado hasta donde habíamos despeñado el camión de Pentex, cerca de una mina que hedía a Wyrm desde millas de distancia. Después de tantas adversidades y fracasos volvíamos al punto en que podríamos haber hecho algo por Gaia. Teníamos delante nuestra la redención que habíamos rogado a Accolon y a Ras, el líder de los moradores de cristal.

Esa noche descansaríamos y comeríamos bien (Zangus y Riden cazaron un buey). El amanecer traería nuestra salvación o nuestra Muerte.