Club de Rol Tirada Oculta

LA FRASE DEL DÍA

El que ríe el último piensa más despacio.
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Jarrid158
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Información de la partida
  • La Manada (HOMBRE LOBO)
  • Master: Sendero
  • Resumen de Jarrid

Jugadores: Jack (Fenris - Ciu), Ricard (Morador de Cristal - Raul), Terry (Cardona), Zangus (Aran), Eric (Fianna - Peña), Riden (Fenris, Christian)

Resumen de Jack
Mientras Ricard y Terry compraban algo en el pequeño supermercado los demás esperábamos fuera. Pero pronto se acabó la tranquilidad. Al final de la calle vimos como varias patrullas policiales interrogaban a los transeúntes. En el cielo se escuchaba el tronar de un helicóptero. ¡Nos estaban rodeando! Entramos en el supermercado con la intención de ocultarnos y entrar en la umbra. Encontramos a nuestros compañeros enseguida ya que habían escuchado por la radio que la policía buscaba a unos terroristas que encajaban con nuestra descripción. Sin tiempo que perder nos dirigimos al pequeño lavabo del establecimiento mientras el empleado, mirándonos con miedo, marcaba un número de teléfono.

Zangus nos ayudó a caminar de lado y a despistar a la poli otra vez. Pero una vez en la penumbra volvíamos a estar en peligro. Excepto Ricard a los demás no nos gustaba el aspecto del lugar. Miles de arañas tejían y tejían grandes estructuras con su tela, cubos fantasmagóricos de la misma sustancia se movían a grandes velocidades por nuestro lado. Poco a poco fuimos comprendiendo el lugar y "viendo" edificios y coches. Ricard nos guió para lo que creímos dirección a las montañas.

Pero pronto nos detuvimos cuando notamos detrás nuestro la presencia de un gran ser maléfico, una criatura de seis patas arácnidas y vientre putrefacto. Excepto Zangus y Ricard los demás nos preparamos para el combate. Lancé un grito de "¡A la patas!" mientras Eric y yo atacábamos de frente. El grito quedó interrumpido cuando el vientre de la criatura se abrió y soltó una llamarada de fuego. No pude hacer nada más durante la pelea, pero entre Eric, Riden y Terry consiguieron derrotarle. Después Zangus usó sus poderes para curarme casi en su totalidad la brutal quemadura.

Mientras, Ricard había estado buscando pistas que le condujeran donde se encontraban los moradores de cristal. Decidimos entonces entrar en la umbra y allí encontramos una senda, aunque Ricard encontró también un signo que le hacía sospechar de la presencia de los de su tribu en otra dirección. Mientras razonábamos cual de los dos caminos nos ofrecía más seguridad apareció ante nosotros un pequeño y extraño ser que dejó caer una nota manuscrita. Antes de que pudiéramos decirle nada desapareció.

La nota estaba escrita en un lenguaje desconocido excepto para Zangus y decía que habíamos roto la letanía y que nos buscaba todo el mundo. Que Ellos eran los únicos que podían ayudarnos y que debíamos encontrarnos en un polígono de Toronto a las ocho de la tarde. La nota la firmaba un nombre desconocido para nosotros.

En la umbra estábamos desubicados y el camino y la señal no ofrecían garantías, así que decidí salir de nuevo al mundo físico, ya que habríamos despistado a la policía lo suficiente. Aparecimos en callejón cercano a un enorme edificio de cristal y nos pusimos en guardia por si alguien nos había visto. Un vagabundo se incorporó a nuestro lado sobresaltado y tuvimos que reducirle. Al otro lado de la calle vimos a través de una puerta de cristal a un hombre extraño dentro de un bar. No sabíamos si nos había visto pero decidimos dejarlo. Al poco rato se levantó y se fue hacia el gran edificio de cristal, que pertenecía a la empresa Orinoc Oil.

Ricard entró en el bar y llamó por teléfono a un contacto de Barcelona. Cuando volvió nos comentó que debía volver a llamar en dos horas y que aguantáramos hasta entonces. También nos dijo que Orinoc Oil era una filial de Pentex. Entonces alguno de mis compañeros empezó a sugerir la posibilidad de atacar el edificio. No lo permití, no era el momento ni el lugar. La discusión se acabó cuando empezamos a notar extrañas presencias a nuestro alrededor y a sentirnos vigilados. El callejón era sin salida pero podía saltarse el muro para acceder al patio interior de uno de los edificios laterales. Así lo hicimos.

En el otro lado el callejón estaba lleno de cajas, pero no nos parecía lo suficientemente seguro para descansar y pensar sobre las siguientes acciones a emprender, así que nos asomamos a la vuelta de la esquina por si había algún acceso a los edificios. Lo había pero en esos momentos estaba ocupado por dos hombres que probablemente habían salido a echar un pitillo. Queríamos esperar a que volvieran a sus lugares de trabajo pero Eric y yo, sin querer, hicimos demasiado ruido al patear una lata de refresco. ¡Estaban a punto de descubrirnos!

Sin tiempo a meditarlo me transformé en crinos para provocar el delirio y les dije a mis compañeros que salieran corriendo delante mío. El plan funcionó y los dos hombres salieron como alma que lleva el diablo. Luego subimos por una escalera de incendios hasta el tejado del edificio de al lado, donde volví a transformarme en humano. Zangus tuvo que dejarme entonces sus ropas y él convertirse en lupino, estado que le era más agradable.

Entonces escuchamos ruidos abajo y vimos que cuatro hombres, por el aspecto probablemente garous, estaban inspeccionando los callejones. Nos estaban siguiendo aunque no sabían donde estábamos en ese momento. Escuchamos como uno de ellos quería inspeccionar la azotea donde nos encontrábamos. Eric encontró una trampilla que daba a las escaleras interiores del edificio, la abrimos y nos escabullimos adentro, y con la oreja pegada a la tapa metálica esperamos los acontecimientos.

El tipo subió, se paseó por la azotea y se aproximó tanto que incluso escuchábamos su respiración. pero no nos detectó. Cuando hubo bajado de nuevo a la calle salimos de nuevo a la azotea y pudimos ver como se iban los cuatro. Por el momento estábamos a salvo.

Decidimos esperar la noche para volver a movernos y que no fuera tan fácil identificarnos. Cuando el momento llegó Ricard y Eric bajaron para volver a hacer la llamada. Esta vez le habían dicho que vendría un garou muy reputado a sacarnos del país ya que el clan del lobo invernal había sellado las sendas de la umbra. Por otra parte el edificio en el que nos encontrábamos era de oficinas y podíamos bajar a resguardarnos.

Después de recobrar el calor buscamos por las oficinas cualquier cosa que nos pudiera ser útil. No encontramos ningún plano de la ciudad a pesar de buscarlo pero sí algo de comida de una máquina. Allí volvió a salir la cuestión de atacar de frente el edificio de Orinoc Oil a lo que me volví a negar. Riden quiso entonces volver a retarme por el liderazgo del grupo pero Eric se puso en medio para evitarlo, más para preservar la ley de evitar luchas por el poder en tiempos de guerra que por amistad. Pero gracias a su acción no me vi desbancado ya que no creo que hubiera podido resistir otro duelo de miradas (hubiera sido el cuarto en pocos días) ya que los últimos acontecimientos estaban minando mi moral.

Más tarde mientras Zangus y Eric subían de nuevo a la azotea para intentar detectar la presencia del gran garou que debía auxiliarnos, los demás inspeccionábamos la planta inferior por si hubiera un parking con vehículos. Lo encontramos pero estaba protegido por una puerta con contraseña. Zangus y Eric bajaron en ese momento justo a tiempo para ver como el vigilante del edificio nos daba el alto.

Intenté convencerle que éramos inofensivos y que solo teníamos hambre y que por favor no nos disparara, pero era un novato y estaba demasiado nervioso. Empezó a hablar por su walkie-talkie. Central... central... Zangus se contagió de su nerviosismo y salió corriendo hacia él. Sonaron dos disparos que apenas hicieron daño al lupino mientras que éste le clavo sus colmillos en el brazo. Eric se convirtió en crinos y en medio de los alaridos de terror del vigilante lo noqueó.

Tras desvestirlo y quedarnos con su walkie-talkie, manillas y pistola derribamos la puerta de acceso al parking. Había 3 coches y entre Terry y yo empezamos a manipularlos para abrirlos y ponerlos en marcha. Lo nuestro nos costó porque yo no tenía ni idea y Terry se equivocó de cables varias veces.

Mientras tanto Eric y Zangus volvieron a la azotea para volver a intentar localizar al gran garou y Ricard destruía la cinta de vigilancia del edificio. Luego, vete a saber porqué, empezó a consultar el ordenador de recepción con el registro de entradas del edificio. Justo cuando me decía a gritos desde la otra punta del edificio que el mismo que había firmado la nota había estado en el edificio esa misma tarde la puertas del parking se abrieron por sorpresa.

Al otro lado se veían las luces de varios coches encarados hacia nosotros. El sonido de las metralletas rompió el silencio de la noche...