Club de Rol Tirada Oculta

LA FRASE DEL DÍA

La imaginación nunca se sacia; tiene por cárcel todo el universo.
Benjamín Jarnés

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Jarrid158
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Información de la partida
  • La Manada (HOMBRE LOBO)
  • Master: Sendero
  • Resumen de Jarrid

Jugadores: Jack (Fenris - Ciu), Ricard (Morador de Cristal - Raul), Terry (Cardona), Zangus (Aran)

Resumen de Jack

Completamente desnudos llegamos al linde del bosque. Ricard opinaba que debíamos acercarnos al pueblo así, mientras que yo opinaba que debíamos ir en forma lobuna para identificar primero el terreno. Aunque en cierta manera los dos teniamos razón el enfrentamiento fue inevitable y yo tuve mi tercer duelo de miradas en menos de una semana. Esta vez salí victorioso aunque, tal como se vio después, fue una victoria a un precio muy alto. Ricard estaba rabioso y yo agotado mentalmente de tanto stress.

En ese momento escuchamos ruidos. Un par de personas se acercaban a nuestra posición. Eso cambiaba las cosas y le pedí a Ricard que se transformara de nuevo en homínido y esperara a los hombres. Envié también a Terry a buscar la ropa de un espantapájaros que había visto en las cercanías. Los demás salimos corriendo del lugar justo en el momento en que los dos cazadores nos divisaban.

Huimos al norte tan solo unos 200 metros. Lo justo para que los cazadores nos perdieran de vista y Ricard pudiera despistarlos. No sé de lo que estuvieron hablando ni si las mentiras que estaría contando el español servían para conseguirnos a todos ropa y medio de transporte, pero mi impulso fue coger lo que tenía más a mano. Así que me convertí en crinos para provocarles delirio, salí disparado del bosque y les ataqué con rapidez antes de que pudieran reaccionar. Lo hice con la suficiente fuerza para noquearlos sin llegar a matarlos aunque uno de ellos deberá comer con pajita durante 3 meses. Ahora estábamos los tres homínidos vestidos. Solo nos faltaba un vehiculo.

Acordé con Ricard que él se encargaría de encontrar un coche y que el resto lo esperaríamos en la carretera de salida del pueblo, que resultó ser Coventpass. Ricard fue más rápido de lo que esperábamos y cuando ya hacía un rato que caminábamos por la carretera oímos su aullido mucho más adelante.

La primera parte del viaje al sur fue tranquila, almenos hasta que Terry detectó una gran presencia de Wyrm en un camino de obras. Decidimos investigar, pero poco después comprobamos que ahí había un poder que nos superaba con creces. Terry bajó del coche para husmear un poco y no sé que detectó, pero se quedó paralizado y temblando. Lo metí enseguida en el coche y le dije a Ricard que volviera a la carretera principal. Sea lo que fuera lo que había allí podía esperar un par de meses, cuando no nos persiguiera otra tribu ni se buscara el coche robado que conducíamos. Y también podía esperar a que tuviéramos un poco más de experiencia; ese tipo de poder era demasiado para unos cachorros que aún no han superado la prueba.

Volviendo por el camino no encotramos de frente con un camión de grandes dimensiones y no había suficiente espacio para los dos. Los tres en forma homínida nos bajamos del coche a la vez que el copiloto del camión. Nos hicimos los turistas perdidos mientras Terry iba a la aparte de atrás para olisquear el contenido. En ese momento Zangus y Riden bajaron del coche y todo se precipitó.

El copiloto sacó un arma, yo me convertí en crinos, Ricard empujó al hombre y Zangus saltó al capó del camión. A la misma vez que yo atacaba al copiloto mientras se convertía en un ser deforme Ricard le quitaba el arma y Riden le mordía. Zangus rebentó el parabrisas y sacó de un tirón al conductor. Cuando aterrizó en el duro suelo le corté la garganta. El otro no duró mucho más ante las dentelladas de Riden y el disparo a bocajarro de Ricard.

Cuando todo hubo acabado registramos el camión y encontramos información sobre sus actividades, aparte de más armas con balas de plata y una tarjeta de crédito. Terry nos reveló que había detectado Uranio entre la tierra que tranportaban. Todo parecía indicar que se trataba de un vertedero ilegal de residuos tóxicos. En todo caso estábamos como antes o peor, pues los agentes del wyrm seguramente había advertido nuestra presencia, ya que escuchábamos el ruido de un rotor de helicóptero en las cercanías.

Tiramos los cadáveres y el camión ladera abajo y nos dirigimos a lacarretera principal. A medio camino empecé a escuchar una voz de ultratumba, susurrante y amenazadora, en mi cabeza: "Sangre... sangre... mátalos a todos...". No era solo la voz sino que también tenía efecto en mis impulsos que podí reprimir a duras penas. En cambio Riden no pudo reprimirlos y se transformó en crinos dentro del coche. Hasta que consiguió calmarse el caos fue absoluto: Zangus y Terry estaban aplastados bajo su cuerpo y Ricard recibió un golpe desde atrás. Entonces Ricard también empezó a escuchar las voces pero él también pudo resistirse.

Finalmente salimos a la carretera y unas horas después llegábamos a una gasolinera. Nuestra primera intención era cambiar de vehiculo, pero en menos de lo que cuesta decir 'gallina' todo cambió a peor. Mis recuerdos en este punto son algo confusos debido al caos y la violencia que se desató, pero trataré de relatarlos lo más objetivamente posible.

Ricard bajó del coche para poner gasolina. El repostador se acercó, pero cuando vio que había lobos en la parte de atrás se fue corriendo. Terry lo siguió creo que para comprobar que no llamara a la policía. Ricard se acercó al hombre del coche de delante y en un abrir y cerrar de ojos lo degolló. Fui a buscar a Terry para largarnos pitando de allí ya que los de dentro del establecimiento empezaban a mirar. Ricard, que había dejado el surtidor chorrente en el suelo, tenía intención de poner al muerto en el maletero. Lo metimos finalmente en la parte de atrás junto con los lupus. Salimos pitando y cuando nos habíamos alejado lo suficiente Ricard sacó el brazo por la ventanilla y disparó con el arma arrebatada a los seres del wyrm. La gasolinera explotó.

Todos fuimos culpables de lo sucedido, unos por acción y otros por omisión. Mientras Ricard conducía, yo no paraba de darle vueltas a la cabeza con lo sucedido. ¿Como había permitido que sucediera? ¿Era esa la forma normal de los garous de resolver los problemas? ¿Estaba Ricard tan resentido por el duelo de miradas que había dejado todo atisbo de diplomacia en Coventpass? Él era el que debía negociar y hablar adecuadamente y yo el que debía cuidar de hacer lo correcto para la camada y para con Gaia. Todos éramos culpables.

Poco antes de llegar a Toronto un coche de policía nos localizó y empezó a perseguirnos. Aunque la idea inicial era llegar al aeropuerto, salimos de la autopista en las afueras de la ciudad y nos metimos en el parking del Ikea con la poli en los talones. Justo cuando nos acorralaban y nos apuntaban con sus pistolas entramos a la umbra de manos de Ricard, que aseguró que en la ciudad él era un experto.

Realmente la umbra de la ciudad es completamente diferente al de la naturaleza libre. La visión era de un gran mar de telerañas y millones de arañas sin parar de tejer y al fondo una gran oscuridad palpitante. Ricard nos guió hasta un calle lo suficientemente apartada para volver al mundo físico. Como Zangus y Riden aun estaban en forma de lobo debíamos conseguir ropa para ellos. Ricard fue a buscarla mientras yo me quedaba en un portal con Riden, y Terry y Zangus intentaban pasar desapercibidos.

Al cabo de media hora volvió Ricard con ropa y Riden y Zangus pudieron caminar como humanos sin armar un escándalo público. En ese momento una limusina pasó no muy lejos de nosotros. Ricard y Zangus debieron ver algo que los demás no vimos ya que el español se sacó una pistola y los dos salieron en su persecución. Eso me pilló otra vez por sorpresa pero esta vez pude reaccionar a tiempo y hacer que se detuvieran. Del grito que pegué incluso se detuvieron el resto de viandantes. No era cuestión de liarse a tiros en medio de la calle y que viniera la poli. O peor, que los de dentro de la limusina fueran agentes del wyrm muy poderosos. Esto último era lo que yo sospechaba ya que la limusina se dirigía a la tienda donde Ricard había ocmprado la ropa.

Salimos de esa zona y localizamos un tienda de comestibles para poder llenar la tripa. Incluso ahí las cosas se complicaron. Zangus y Riden, ignorantes de los que es un supermercado humano, fueron a la sección de carnes guiados por su olfato y montaron un espectáculo sangirento con el género expuesto. Me los llevé de allí como pude y dejé a Ricard y Terry comprando varias cosas. Mientras esperaba fuera a que trajeran mis sandwiches consulté una vez más el mapa de carreteras y me di cuenta que intentar colarnos en un avión sin documentación y con poco dinero era una tonteria (y una locura) teninendo en cuenta donde nos encontrábamos.