Club de Rol Tirada Oculta

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Jarrid158
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Información de la partida
  • La Manada (HOMBRE LOBO)
  • Master: Sendero
  • Resumen de Jarrid

Jugadores: Eric (Fianna – Peña-PNJ), Jack (Fenris - Ciu), Ricard (Morador de Cristal - Raul), Terry (Cardona), Zangus (Aran), Riden (Fenris, Christian)

Resumen de Jack
Por la mañana llegó Madre Larissa acompañada por un tal Timy y nos presentó a los dos últimos miembros de nuestra camada. Dos lupus que respondían a los nombres de Zangus y Riden. El primero era el anunciado experto en la umbra y el segundo un Ahroun Fenris como yo.

Precisamente entre Riden y yo surgió al cabo de pocos minutos un duelo de miradas para conseguir el puesto de Alfa en la camada. Eric, el Fianna que tenía más opciones de ser el Alfa por decisión popular, se mantuvo bastante al margen y eso lo descartó definitivamente. Finalmente, y tras un intenso duelo, salí yo vencedor aunque con matices, ya que poco antes se había “decidido” que había tres alfa’s: uno para el combate, otro para cuestiones protocolo y otro para asuntos de la Umbra. Me importaba un bledo mientras me consideraran el alfa en asuntos de guerra.

Cuando este asunto estuvo decido nos dijeron que el Ritual de Iniciación estaba a punto de empezar. Entonces Madre Larissa nos guió hasta Central Park. Allí se las arregló para desaparecer ante nuestras narices. En ese instante empezó a crecer un murmullo amenazante a nuestro alrededor, a los lados del camino. Incluso una bala pasó cerca nuestro. Seguimos el consejo de Madre Larisa y continuamos avanzando por el camino, haciendo caso omiso de lo sucedía en los laterales. Al poco rato llegamos ante un gran árbol y ante un portal que había delante suyo. Lo cruzamos sin pensarlo.

Aparecimos en el interior de una cueva y al salir nos estaba esperando un hombre. Se presentó con el guardián del túmulo del Clan Invernal de Vancouver y nos comunicó que el ritual de iniciación lo haríamos con la gente de su clan. Nos guió a través del bosque hasta su territorio y nos ofreció alojamiento en una pequeña covacha, donde esperaríamos al amanecer.

Mis compañeros estaban bastante nerviosos, y no pararon de hablar y probar transformaciones. Incluso Terry pretendía alejarse e investigar la zona argumentando que esa era su casa y nada malo podía pasarle. ¡Estúpido! Esa era la casa del Clan Invernal y allí éramos todos forasteros. Por suerte para él pude convencerlo que no se moviera de los alrededores de la covacha.

El día siguiente no aguardaba una sorpresa. El clan nos reunió a todos y cuando creíamos que nos iban a comunicar la prueba que debíamos superar nos dijeron que sus cachorros habían muerto mientras pasaban una prueba con el del Prado de NY. No éramos bien recibidos en su territorio y debíamos abandonar el lugar a nos ser que quisiéramos correr la misma suerte que sus cachorros.

Ricardo, muy metido en sus papel, trató en vano de argumentar en nuestro favor, pero no había nada que hacer. Abandonamos el poblado entre miradas furiosas y de desprecio. Incluso Ricardo recibió un escupitajo. Dudé un instante si responder a esa provocación, pero ¿qué líder lleva a sus camaradas a una muerte segura? Solo si seguíamos vivos tendríamos oportunidad de responder a todas esas ofensas.

Decidimos entonces intentar llegar a pie hasta Vancouver y desde allí en avión hasta NY. La opción de cruzar la umbra la descartó Zangus.

Al cabo de media hora empezó a llover, y poco después la tormenta estalló. Si el camino ya era difícil de recorrer y no sabíamos exactamente donde estaba Vancouver, ahora se hizo mucho más pesado y algunos compañeros no podían seguir el ritmo de los demás. Para acabarlo de arreglar detectamos que unos osos estaban rodeándonos y, finalmente, atacándonos directamente.

Eran dos osos y nos dividimos para tener superioridad numérica y de fuerza en ambos casos. Riden y Ricardo por un lado y Terry y yo por el otro. Zangus, tras recibir un enorme zarpazo se retiró a la umbra y atacó desde allí, lo cual nos dio una buena ventaja. Aunque costó por ser nuestra primera batalla real logramos vencer a los osos en el plano físico y a los espíritus Wyrm que los controlaban en el plano del Umbra.

Pero la cosa no había acabado aún. Cada vez más cerca se oían los aullidos del clan del Lobo Invernal. ¡Estaban de cacería! Los muy cerdos ni siquiera habían respetado la tregua que nos habían ofrecido.

Podíamos intentar refugiarnos en algún lugar, pero las probabilidades de encontrar un buen escondite en un terreno que nosotros desconocíamos eran muy pocas, así que continuamos la carrera hacia el sur.

Cuando notábamos más cerca de nuestros perseguidores llegamos a las cercanías de una casa. En el exterior se encontraba un hombre que ni siquiera se inmutó al vernos ¡Y eso que algunos íbamos en forma de crinos!

Bill, así se llamaba el hombre, nos ofreció cobijo y nosotros lo aceptamos, a pesar de no saber con quien y con qué tratábamos. Él sí sabía con quien trataba, y sabía perfectamente quienes eran los del clan del Lobo Invernal. No le hizo gracia saber que estaba ayudando a unos cachorros que debían pasar el Rito de Iniciación, pero lo hizo de todos modos, y es por eso que estaré en deuda con él.

Por la noche, luna llena, nos sentamos alrededor del fuego y nos contamos historias. Bill narró la leyenda del Narlus y como se quedó encerrado en el interior de un meteorito, y como algunos creen que éste cayó no muy lejos de donde nos encontrábamos y que desde allí irradiaba todo el poder maléfico del Wyrm.