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Información de la partida
  • Los Camorristas (RUNEQUEST)
  • Master: Rasiel
  • Resumen de Jarrid

Jugadores: Mansuel el Shaman (Raul), Lurin el elfo verde (Cardona), Piños el enano desdentado (Peña), Beldë el elfo verde camorrista (Ciu)

Resumen de Beldë
Llevábamos tres días apacibles, descansando en una posada del centro de la ciudad y comiendo y bebiendo de las mejores despensas y bodegas. Además, desde que habíamos dejado la nota clavada en la cabeza cercenada de uno de nuestros enemigos, los sectarios encapuchados habían dejado de molestarnos. Pero algo se estaba cociendo y no tardaríamos en sufrir las consecuencias.

Una mañana, cuando el sol aún no asomaba por el horizonte, el posadero aporreó con firmeza a las puertas de nuestras estancias para despertarnos:
- "Rápido, marchaos, rápido. Yo no quiero problemas. Iros cuanto antes. No os cobraré por vuestros gastos, pero marchaos ahora!!! Marchaos."

En un principio me negaba a abandonar la posada sin ninguna explicación razonable, pero cuando dijo "gratis" no me lo pensé dos veces y salí alegre de respirar aire fresco en una buena mañana. A Piños, en cambio, no le gustó que le despertaran bruscamente por lo que el posadero recibió un tremendo sopapo en la cabeza que lo dejó inconsciente en el suelo. Vale, no debería haberlo hecho, pero no pude evitar darle una patada en las costillas cuando ya estaba en el suelo para luego soltar un escupitajo.

Cuando Lurin consiguió deshacerse de su sueño pesado y bajó a encontrarse con nosotros fuimos al centro de la ciudad. Faltaba Mansuel el shaman, que había dormido en otro lugar aunque no sabíamos dónde ni porqué (ni nos importaba), y como no sabíamos dónde nos fuimos a la Plaza Mayor a sentarnos un rato. Por el camino nos encontramos con un niño que miraba insistentemente a Piños y que acabó huyendo tras decir "Son ellos!". Entonces me dí cuenta que en una pared habían colgados unos carteles con nuestros retratos reclamando nuestra captura y acusándonos de asesinato. Arrancamos todos los carteles y los guardamos en nuestras mochilas cuando vimos aparecer a Mansuel, que no se había enterado de nada.

Acordamos entonces salir enseguida de la ciudad e ir a encontrarnos con Tordek, el enano que nos había encargado la anterior misión, pues sabíamos que era aventurero experimentado y de gran reputación en la región. En las puertas de la ciudad el guardia no solo no nos detuvo sinó que nos recomendó ir con cuidado por los caminos ya que habían bandidos. A medida que nos acercábamos al castillo del gran enano encontrámos más controles de soldados de la ciudad hasta que uno de ellos nos informó que esa misma noche habían asesinado a nuestro "benefactor".

Aceleramos el paso hasta llegar el castillo y nos presentamos ante el capitán al mando. Aunque al principio costó acabamos ganándonos su confianza, permitiendonos entrar en el castillo y compartiendo con nosotros lo que sabía: alguien había entrado por la noche al castillo silenciosamente y había asesinado al dueño mientras éste dormía. Entonces le pedímos al capitán que nos dejara en la habitación unos minutos solos ya que queríamos realizar un ritual para velar por su alma (mentira podrida) y, tras insistirle un poco, accedió concediéndonos solo 15 minutos.

Mansuel preparó un ritual para contactar con uno de sus espíritus cautivos o con algún espíritu del castillo que le dijera exactamente que había sucedido, pero a pesar de que lo intentó varias veces no consiguió comunicación alguna. Mientras tanto, el resto buscamos pistas que se les podrían haber escapado a los soldados. Encontramos una sustancia verdosa en la herida del muerto, que aún estaba de cuerpo presente, y que yo identifiqué como un poderoso veneno anestesiante que los elfos oscuros impregnan en los filos de sus dagas curvas. También hallamos en la habitación y en el dintel de la ventana gotas de sangre reciente que se alejaban del lugar del crimen.

Entonces llegó el capitán que nos exhortó a abandonar ya el castillo. Como ya habíamos hecho nuestras averiguaciones y el shaman estaba desesperado porque no consiguió en ningún momento contactar con ningún espíritu (varias tiradas fallidas y pifiadas) no tuvimos ningún problema en salir del lugar. Pero el problema llegó entonces: cuando salimos al exterior vimos como un soldado a caballo se acercaba al galope. Temimos lo peor y mientras el capitán iba a su encuentro aprovechamos para retroceder y salir de escena doblando la esquina (metaforicamente) del castillo para ir a investigar bajo la ventana de la habitación del señor del castillo.

No teníamos mucho tiempo hasta que se preguntaran donde estábamos así que nos pusimos inmediatamente a buscar huellas de elfo que se alejaran del castillo. Las encontramos, aunque muy débiles y en poca cantidad pero suficientes para conocer la dirección que había tomado el asesino y comprobar que se había adentrado en el bosque. Corrimos todo lo que nos dieron las piernas y nos adentramos en el bosque justo en el momento en que los soldados aparecían en la parte posterior del castillo (que en realidad era una torre, pero bueno).

De la misma manera que nosotros habíamos seguido las huellas del asesino, los soldados podían seguir las nuestras así que no perdimos tiempo en observarlos desde la protección del bosque y nos internamos en busca del elfo. Poco a poco avanzamos entre árboles y matorrales encontrando ramitas rotas o pisadas en tierra embarrada confiados a nuestra buena suerte. Pero el Dios estaba puñetero ese día y uno de los soldados a caballo seguía nuestra pista a una distancia corta. Sabíamos que no debíamos matarle porque era un soldado y eso nos acarrearía más problemas de los que teniamos, por lo que Mansuel invocó a uno de sus espíritus y lo lanzó contra nuestro perseguidor. El efecto fué inmediato y el pobre soldado cayó de su caballo profundamente dormido dándose un buen costalazo.

La pista que nosotros seguíamos se acabó de repente en un pequeño claro. Ahora no recuerdo exactamente como, porqué en esos momentos estaba acordándome de la vez en que había rebanado dos cabezas en un mismo combate y me estaba muriendo de la risa, pero alguien empezó a cavar en el lugar de la última huella visible. Encontramos un cofre metálico que Piños se encargó de abrir de forma sibilina; hachazo al canto.

En el interior estaba el objeto de nuestras pesadillas. Lo que buscaba la secta de los encapuchados y lo que habíamos llevado hasta el Norte para derrotar al demonio: La runa mágica. Recogí la piedra mágica del fondo del cof... BOOOOOM!!!

Ruido y dolor. Ropas desgarradas, heridas en todo el ser. Salgo volando y hay un árbol en medio del camino. PLAC. En el suelo encuentro reposo. Pese a ello aferro con fuerza la piedra.

Aunque no llegué a la inconsciencia los siguientes minutos fueron para mí alucinantes (en el sentido de alucinaciones y desorientación). Aunque no lo relacionaba con nada en mi vida ni comprendia porqué, sé que Kenneth, el halfling amigo de Tordek bajó de las copas de los árboles y entabló conversación con nosotros. Le explicamos todo lo que sabíamos y le exigimos que nos ayudara, pues estábamos en ese feo asunto por él y su amigo el enano. Se comprometió en regresar a la ciudad y mover varios hilos para restablecer nuestro honor, pero nos pidió que le dijeramos donde estaba la segunda piedra que abría el portal demoníaco. Le dijimos que no lo sabíamos aunque lo cierto es que nustro Shaman no sé porqué encantamiento se había convertido en el "segundo" objeto de la tierra capaz de abrir el portal; él y la runa en la piedra eran los objetos más buscados por la secta de encapuchados. Antes de irse a la ciudad me dió unas raíces para que las masticara que me ayudarían a restablecerme un poco, pues a pesar de los intentos del shaman para curarme todo había sido en balde (tenía el día muy negado).

Acampamos en el claro y nos dispusimos a pasar la noche a la intemperie, por lo que dispusimos los turnos de guardia (extrañamente Piños se ofreció para realizar el primer turno), cenamos y nos acomodamos como pudimos mientras el shaman iba en busca de no se qué espíritu o majaderias de la suyas.

En el silencio de las primeras horas de la noche se oyó un ruido. TXAC. Me incorporé sobresaltado y lo que ví fué delirante. Piños estaba roncando en el suelo con saliva asomando por la comisura de los labios y un muñeco de paja sentado donde debería estar el enano mellado acababa de ser ensartado por la lanza del soldado que el shaman había dormido por la mañana. Grité "Emboscadaaa" o algo así y entonces busqué en mis bolsillos una de las bayas que me había llevado de mi casa y la lancé a los pies del caballero. De repente las plantas y árboles del lugar cobraron vida y apresaron su cuerpo con raíces y ramas. Maldito enano con suerte, en su negligencia había salvado su vida.

Aunque no teníamos nada en contra del soldado tuvimos que desarmarle y atarlo con unas cuerdas, pues estaba muy nervioso y nos tenía mucha manía. Lo hicimos más que nada por su bien porque era capaz de tocarle las narices a Piños y entonces hubiera sido su final.

Por la mañana llegó de nuevo Kenneth bastante nervioso, pues había hecho algunas averiguaciones. Nos pidió que le enseñaramos la runa y le dijeramos, por favor, qué era el otro objeto capaz de abrir la puerta del infierno. A regañadientes me saqué la runa de mi entrepierna y se la dejé ver. Según parece tenía guardarla en lugar seguro pero nosotros le dijimos que no, que a partir de ahora la llevariamos nosotros. Que más seguro que nosotros no había nada. Realmente el halfling se estaba poniendo pesado y empezaba a molestarnos su actitud terca y obstinada que se parecía tanto a la nuestra.

Entonces Piños hizo algo raro: se lamió un dedo y se lo pasó por la cara al hobbit como si quisiera quitarle la mugre o el maquillaje. Yo no me dí cuenta en ese momento pero Kenneth se puso muy nervioso y Piños, que lo estaba observando muy de cerca, dijo "Traidooor!! Este no es el halfling!!". Descubierto por un enano botarate, el falso Kenneth fué a buscar la empuñadura de su espada pero Mansuel fué rápido esta vez e invocó a su Pyros, su espíritu de fuego, que tenía la misión de abrasar a todos nuestros enemigos.

Del hobbit, no quedaron más que cenizas. Lamentablemente nunca sabremos quién era en realidad. Pero lo peor es que el soldado también había quedado reducido a unos cuantos huesos carbonizados. Ahora sí eramos criminales, pero con un poco de imaginación, mala leche y suerte podríamos salvarnos de aquella. Machacamos bien los huesos que quedaban y esparcimos los restos por el bosque de manera que nunca se encontrara el cadaver. Realmente no nos supo mal su muerte, pues nos caía mal, pero la consecuencia de todo ello era fatal para nuestro cuello.

Más tarde llegó el auténtico Kenneth, cosa que yo me aseguré de comprobar chupandome un dedo y restregándoselo por la cara. Nos dijo que lo mejor sería que nos escondieramos en algún sitio durante un tiempo hasta que se calmara la cosa mientras él continuaba moviéndose en la sombra. Decidimos entonces ir a un pequeño pueblo del norte alejado de los principales caminos y así se lo hicimos saber, para que nos pudiera encontrar cundo fuera el caso.

Viajamos durante unos días y casi al final del viaje nos topamos con el germen de los caminos: un grupo de sectarios encapuchados, un hechicero y dos guerreros. Como ya nos conocíamos todos no perdimos tiempo en discusiones inútiles y fuimos directos al grano.

Lurin se mantuvo al margen, Mansuel se preparó un sortilegio para protegerse él mismo y Piños y yo nos lanzamos hacia delante con los caballos intentando embestir. Pero estos estaban más preparados que sus antecesores y nos esquivaron bien. Piños descabalgó para enfrentarse cuerpo a cuerpo y yo descabalgué 30 metros más lejos para darme tiempo a preparar el arco.

Lancé una flecha al que se acercaba a mí pero aunque iba bien dirigida un extraño campo de fuerza lo protegía. Lancé otra y pasó lo mismo. Piños también tenía dificultades con su oponente y el hechicero no paraba de vocalizar extraños juramentos. Entonces cambié de táctica y dirigí mis flechas contra el nigromante, pero el muy ruín se teleportó a algún lugar fuera de mi vista. Luego el hechicero consiguió afectarme con uno de sus trucos y una parte de mi cuerpo se paralizó. Por suerte solo fué el pecho (corazón y pulmones no incluidos) y aún conservaba mis piernas para correr, por lo que emprendí una huida de mi oponente y me dirigí donde estaba Piños. Dando un rodeo llegué a la espalda de mi barbudo amigo y aunque intenté clavar mi espada en su oponente aprovechando la inercia de mi carrera, Piños consiguió un golpe rápido y efectivo que le partió el costillar y le destruyó los órganos vitales.

Avisé a Piños de que en la espalda venía otro enemigo mientras yo me alejaba a la carrera. El enano, en su frenesí guerrero no tardó en destrozar otro costillar con sus órganos vitales incluidos mientras yo me recuperaba de mi pecho inválido. ¿Y que ocurría con Mansuel y Lurin? El elfo estaba en babia y pasaba de todo (en realidad el jugador Cardona se había ido a dormir el muy maricón), y el shaman había intentado multitud de invocaciones y hechizos pero llevaba el gafe encima y no le salió nada. Además tanto esfuerzo había agotado sus reservas de poder y estaba en esos instantes más muerto que vivo, en términos de agotamiento (al jugador Raul también le había dado un yuyu debido a mezclar sustancias perniciosas y estaba literalmente igual que su personaje).

El hechicero oscuro, que se había ocultado tras un grupo de árboles, empezó de nuevo a convocar sus fuerzas. Piños y yo nos dirijimos hacia él, pero el muy canalla volvió a lanzar un hechizo de parálisis contra mi y esta vez me afectó a todo el cuerpo. Sólo quedaba el enano más feo y fiero del reino.

El hechicero le lanzó un rayo eléctrico pero Piños lo esquivó cual grácil elfo en un campo de margaritas. Luego le lanzó otro pero el enano hizo gala de nuevo de una agilidad desconocida hasta entonces. Cuando le iba a lanzar un tercer rayo la bestia enana lo embistió como un rinoceronte y le hundió su gran hacha ¿dónde? Efectivamente, en el costillar. Adiós nigromante.

Tras esconder los cuerpos en el bosque continuamos nuestro camino.