Club de Rol Tirada Oculta

LA FRASE DEL DÍA

Esto lo abro yo con la punta del…
(Togil Chopoalto)

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Información de la partida
  • BCN by Night (VAMPIRO)
  • Master: Julius
  • Resumen de Jarrid

Jugadores: Alex (Brujah de poca fe - Ciu), Lucía (Brujah culta, Lupe), Hada duCroix (Toreador passota - Aran), Ramón (Tremere sin conocimientos arcanos - Cardona), Roel (Gangrel cruza-trampas - Peña), Sr.Enema (Malkavian piloto ,PNJ)

Resumen de Alex
Al despertar bebimos un poco de la sangre embolsada y seguimos avanzando por los pasadizos del templo.

Hada usó su poder del toque del Espíritu para seguir los pasos del último monje que transitó por los pasillos. Gracias a esto supimos que debíamos atravesar un muro en vez de continuar por el camino marcado. El truco consistía, como en la segunda trampa, de un acto de fe. Roel fue el primero en cruzar, seguido de Lucía, Hada, Ramón y el último, para variar, yo.

Al otro lado había una gruta más natural que se ramificaba cada dos por tres convirtiéndose en un laberinto. En uno de los extremos, guiados por una extraña luminiscencia, encontramos un enorme relieve en una pared de roca. Este relieve representaba la lucha entre el bien y el mal encarnada por dos ángeles enfrentados y dos ejércitos a sus pies. Hada descubrió mediante su poder que el monje se había arrodillado ante el relieve y había recitado una oración.

Nosotros estuvimos casi media hora ante él y dando vueltas por la sala pero no pudimos encontrar nada, aunque sabíamos que lo que veníamos a buscar estaba ahí mismo. Decidimos investigar otras partes del laberinto.

Un buen rato después encontramos el cadáver de un antiguo monje. Entre sus pertenencias encontramos una Biblia, una copia en pergamino del relieve con una inscripción en un latín primigenio y una advertencia en un latín más moderno que decía: "Sólo los arcángeles protegen la entrada de los cielos, sólo los demonios caen ante su poder, la entrada está sellada para los agnósticos. Sólo las palabras del Señor a Pedro abrirán la puerta".

Tras mucho estudiarlo parecía que el texto en latín antiguo era la oración que debía abrir la entrada secreta al relicario, pero no hubo manera de sacar la pronunciación correcta. Roel decidió entonces salir al exterior y comunicarse con Sr. Enema para que nos trajera sangre y libros de latín antiguo y otras zarandajas para poder leer los textos antiguos.

Mientras, los demás continuamos investigando el laberinto. Encontramos otra sala llena de fe y solo Lucía y yo llegamos a verla entera. Lo que proyectaba tanta fe era una cruz de reja metálica que contenía en su interior trozos de madera. Solo de imaginar que podía ser eso se nos pusieron los pelos de punta y salimos pitando.

También encontramos la entrada a una sala envuelta de símbolos diabólicos. La puerta que estaba cerrada, evidentemente, cantaba como un negro en una fiesta del KKK, ya que parecía una gota de satanismo en un océano de santidad cristiana.

Poco más encontramos y nos dirigimos por tercera vez a la sala del relieve a esperar al gangrel. Cuando llegó con toda la información que le había podido traer el malkavian se pusieron los "eruditos" (Lucía, Ramón y Roel) a estudiar el texto en latín.

Tras mucho estudiarlo y varios intentos Lucía fue capaz de leer con exactitud el texto y entonces las diferentes piezas del relieve empezaron a moverse, a la vez que una gran pared de roca se iba abriendo para dejar paso a un pasillo.

Avanzamos por éste hasta llegar a una sala con una puerta protegida por las estatuas de dos arcángeles con espadas de piedra y pose amenazante. Lucía pronunció entonces las palabras que Jesucristo le dijo a Pedro: "Sobre esta piedra edificaré mi iglesia". No pasó nada.

Entonces a Ramón se le ocurrió que quizás hiciera falta una piedra para acompañar a la frase y que la única piedra mística de la que disponíamos era la piedra refulgente que habíamos encontrado en el valle y que Lucía llevaba en su mochila. Ella misma repitió la frase arrojando, con delicadeza, la piedra hacia la puerta. Funcionó. La puerta de piedra se abrió con un ruido seco y dejó ver al otro lado del umbral un cofre de grandes proporciones encima de un altar.

Advertido por la inscripción de los arcángeles lancé mi garfio hacia el cofre y tire con todas mi fuerzas. El cofre salió volando pero, como no estaba cerrado, su contenido salió rebotando: una piedra del tamaño de una pelota de fútbol. El cofre fue a parar contra el pecho de Ramón, lo que le causó una fea quemadura a causa de la fe.

Cuando todos los objetos se pararon la situación se había vuelto "curiosa": un montón de poderosos vampiros mirando con repulsa una piedra en medio de la sala, si atreverse a dar un paso hacia ella.

Lucía no pudo soportar más la presión y se fue hacia la salida. Ramón y Hada no tardaron en seguirla. Quedábamos Roel y yo para intentar algo con la puta piedra. Roel fue más rápido y listo y cubrió la piedra con un saco de dormir y luego llamó a la población de murciélagos local para que se la llevaran hacia fuera. Antes Roel me pidió que les diera un poco de mi sangre poderosa para que fueran más rápidos hacia la salida. Así lo hice.

Los murciélagos cogieron el saco de dormir y se fueron a toda velocidad hacia fuera. La putada fue la trampa de las cuchillas, ya que mataron a un montón de esos bichos (poco importante) y rajaron el saco (muy importante), con lo que la piedra salió volando y se quedó a pocos centímetros del abismo de la segunda trampa.

La situación era ahora más chunga. Nadie era capaz de acercarse a la piedra y en caso de poder hacerlo nadie aseguraba que no le diera un ataque y saliera corriendo hacia las cuchillas o hacia el abismo. Estuvimos un buen rato pensando en todas las posibilidades, incluida en ir yo corriendo hacia la piedra y pegarle un buen chut que la enviara al otro lado del abismo, pero la descartamos porque podía caer encima de una baldosa de la trampa de fuego y quedarnos encerrados para siempre.

Finalmente Roel agudizó sus poderes y llamó a un gran búho real, capaz de coger la piedra entre sus patas. El búho, a pesar de ser un poco altivo y arrogante, accedió a hacernos ese favor y se llevó la piedra hasta la entrada. El resto ya fue más fácil y pudimos llevar la reliquia colgando del helicóptero hasta la mansión de Zacarías.

Tras descansar y hablar un rato Zacarías nos acompañó hasta una de las salas de antigüedades y nos dio permiso para escoger una. Yo le pedí directamente una katana legendaria.