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Información de la partida
  • London by Night (VAMPIRO)
  • Master: Rasiel
  • Resumen de Jarrid

Jugadores: Janet (Toreadora Exterminator, Raul), Morgan(Tremere, Ciu), Carlos (Nosferatu en las sombras, Cardona), Damien (brujah perroflauta, Peña).
Registro de Morgan, Tremere
Después de recibir la llamada de un desconocido (o eso creía) la toreador Janet me llamó. Había quedado con Damien el brujah en el pub 'La Esquina Roja'. Me dirigí allí no porque tuviera ganas de ver a ese descerebrado cainita sino porque de alguna manera mística estábamos todos unidos, incluso el nosferatu Carlos, por la leyenda de Vidar.

En medio de una conversación trivial sobre los asuntos de Liverpool Janet recibió una llamada de su criado que le pedía permiso para recibir en su nombre una carta certificada. Inmediatamente también yo recibí una llamada de mi fiel James por el mismo motivo. En mi caso le pedía a James que recogiera la carta y me la trajera al pub. Cuando la abrí descubrimos que se trataba de una invitación a una fiesta que se celebraría la noche siguiente en el Palacio de St. James y en la que se conmemoraba la instauración de la Camarilla de Londres. Janet y yo estábamos invitados y suponíamos que Carlos y Damien también pues todos procedíamos de Manchester.

Superada la sorpresa inicial por que unos recién llegados sin ningún renombre en la ciudad fueran invitados a una fiesta de la Camarilla empezamos a preocuparnos. Pensamos, sobretodo, que el terrible Coven podría aprovechar esa reunión de notables para darse un festín de vitae poderosa. Con ese pensamiento nos dirigimos al Palacio de Westminster para hablar con el sheriff.

Por el camino Carlos me confesó algo que me preocupó más aún. La sociedad humana había encontrado varios restos mortales que habían sido salvajemente mutilados y en las primeras planas de los periódicos venían en grandes titulares las últimas novedades del caso del 'Justiciero Carnicero'. Las últimas acciones de Janet estaban en boca de todos y seguro que en el seno de la Camarilla esto era motivo de preocupación. Es más, en el Elisium se nos empezaba a conocer como 'Los 4 de Manchester'. No me gustaba el cariz que empezaba a tomar todo. La fiesta de la noche siguiente parecía el lugar ideal para un juicio a nuestras acciones. Más tarde, una llamada de Joel confirmaría este último punto.

Al llegar al Elíseo nos dijeron que el Sheriff no se encontraba allí pero que alguien de confianza nos recibiría. Nuestra sorpresa fue descubrir que el mismísimo senescal de Londres, Henry Brewer, escucharía lo que debíamos decirle. La reunión no fue como nosotros esperábamos. Al senescal le molestó mucho que no hubiéramos informado con anterioridad de la existencia de alguien como Coven y ni siquiera nuestras excusas de que no sabíamos mucho de él hasta hace bien poco pudieron consiguieron reconfortarle. Para más inri Damien se mostró bastante vulgar en su lenguaje algo que los ventrue no toleran demasiado bien. Y para acabar de rematar la faena Janet se encaró con el Brewer por lo que ella consideraba un comportamiento poco agradecido. El senescal nos despidió con un cabreo considerable y exigiéndonos que no saliéramos de la ciudad.

Janet, a punto de explotar por la indignación, quería desfogarse como fuese, y propuso ir al E-Lythium, el bar de reunión de los diabolistas, para desquitarse de su frustración. Yo no quería liar más la cosa justo el día antes de nuestro juicio. Pero por otra parte, lograr información vital sobre Coven podía sumar puntos a nuestro favor. Así que fui con ellos.

Al llegar al bar un fornido vástago que hacía de portero nos examinó detenidamente y al comprobar que éramos de la estirpe nos dejó pasar. En un primer vistazo parecía no haber demasiada animación. Lo que más destacaba era un cainita alimentándose de una presa en un sofá cercano. Carlos cometió una estupidez y de malas maneras pidió a ese vástago que le prestara su presa para alimentarse también. A punto estuvieron de llegar a las manos si yo no hubiera intervenido para calmar al ofendido. El problema es que todos los allí presentes parecían ser amigos y no les había gustado nuestra entrada.

Decidí que ya había suficiente y les dije a mis socios que nos marcháramos de allí. Demasiado tarde. Una mujer de la estirpe de presencia amenazadora, que se presentó como Marlene, nos cortó el paso hacia la puerta y nos invitó a quedarnos. Ni si quiera una orden directa mía hizo que se apartara de la puerta. Los habituales del bar estaban muy pendientes de nuestros movimientos por lo que tenían ventaja táctica en caso de pelea. Aceptamos la invitación, aún cuando Janet soltó algunos improperios. La cosa empeoró más cuando Marlene escuchó con su fino oído como Damien la llamaba puta. La pelea era inevitable.

Unos cainitas en el fondo de la sala a los que apenas habíamos prestado atención invitaron a Damien a sentarse entre ellos. El muy idiota se dejó llevar en vez de quedarse cerca de la puerta y al momento se vio rodeado por 8 vástagos que le pedían que participara con ellos en una copa de mezcla de sangres. Eso fue la gota que colmó el vaso ya que si probaban la poderosa sangre de Damien se echarían sobre él como lobos hambrientos.

Casi en el mismo momento, como sincronizados por un reloj, nosotros asestamos el primer golpe. Yo me lancé sobre un cainita a mi izquierda que estaba provocándome. Damien descargó su ingram sobre uno de sus compañeros de mesa. Janet desenfundó sus espadas y atacó a otro que tenía al lado. Y Carlos desapareció de la vista buscando un ataque sorpresa.

Los hechos posteriores se sucedieron rápidamente dentro del caos. Marlene desenfundó su látigo y me atacó causándome un corte grave en la cara. Janet descuartizaba a quién podía. Y Damien, el impulsivo Damien, soltó una granada en la mesa y huyó del bar con celeridad.

La explosión destrozó a los vampiros sentados en el fondo del bar e hizo caer al resto al suelo con diferentes heridas. En medio de la confusión Marlene trató de huir pero Janet la interrumpió el tiempo suficiente para que con el poder de mi voluntad la convenciera de acompañarnos al coche. Salimos de allí justo a tiempo pues ya se escuchaban las sirenas de la policía.

En un último error hicimos volar el bar. En ese momento parecía la mejor opción para borrar huellas vampíricas. Después de todo para la Camarilla sería fácil hacerlo pasar por una explosión de gas. No se nos ocurrió mejor opción como quizás hubiera sido que se encargan los propios supervivientes del bar. Seguro que a ellos tampoco les hubiera interesado una investigación policial.

Nos dirigimos después de vuelta a Westminster donde entregamos a Marlene al senescal Brewer y luego nos fuimos de allí sabiendo que la habíamos vuelto a cagar y que nuestras no-vidas estarían en juego en la fiesta de la noche siguiente.

Aún quedaban unas pocas horas para intentar hablar con los antiguos de nuestros respectivos clanes e intentar montar una buena defensa jurídica, pero eso era algo que debíamos hacer individualmente.