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Jarrid159
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Información de la partida
  • London by Night (VAMPIRO)
  • Master: Rasiel
  • Resumen de Jarrid

Jugadores: Janet (Toreadora Exterminator, Raul), Damien (Brujah okupa sin perro, Peña), Morgan (Tremere aprendiz, Ciu), Carlos (Nosferatu en las sombras, PNJ)

Resumen de Morgan
El Príncipe Damien, del clan Ventrue, nos había reunido en otra de sus megalomaníacas reuniones en los sótanos de la central Library. Pero esta vez pasó algo interesante. Edgar, el brujah guardaespaldas del Príncipe, apareció en escena llevando a rastras a Sidney, un toreador al que se le acusó de romper la Mascarada. Muchos de los allí presentes sospechaban, en cambio, que el delito de Sidney había sido mantener contacto con Katrina, una obispo del Sabbat. El Príncipe no tenía pruebas pero su obsesión por la secta enemiga le hacía ver enemigos por todas partes. Y tampoco podía cometer muchos desmanes pues se rumoreaba que los justicar tenían un ojo puesto en nuestra ciudad. Así pues, la posible traición de Sidney se disfrazaba con un delito capital en nuestra sociedad. La sentenica se ejecutó al instante: Edgar cogió con fuerza la cabeza del aterrado toreador y se la arrancó de cuajo.

Después del triste espectáculo el Príncipe nos reunió a los más jóvenes. Tenía una misión para nosotros. El plan era destruir uno de los puntos neuralgicos de la red Sabbat: un almacén al lado del río desde donde se controlaba el tráfico de armas el día en que Cassandra, la hija de Katrina, y Paulos, su fiel acompañante, se hallaran en el lugar. Las líneas maestras de la mísión estaban detalladas:
1. Contactar con los ghouls del Sabbat para comprarles explosivos.
2. Traicionar a los vendedores, matarlos y quedarnos con los explosivos y el dinero.
3. Con el dinero pagar los servicios de la loca Jocelyn para que nos dijera cuando visitaría Cassandra el almacén.
4. Con los explosivos hacer volar el almacén con Cassandra y Paulos dentro.

Los que teníamos que cumplir la misión nos dividimos en cuadrillas. A mi me tocó con Janet, una toreador con un pasado asesino, Damien, un brujah con pocas luces y Carlos, un vástago del clan nosferatu. Demasiado pronto Janet empezó a comandar la cuadrilla y a ejecutar sus propios planes que diferían ligeramente a los del Príncipe.

Lo primero que hicimos fue localizar a Jocelyn para preguntarle directamente donde estaban los explosivos. El plan era robárselos al sabbat sin necesidad de intercambio. La malkavian estaba en un edificio de apartamentos. Acababa de alimentarse de los pobres inquilinos del tercer piso y estaba delirando y hablando con acertijos, empapada de sangre. Sin dinero no dijo nada de los explosivos pero no paraba de repetir una frase una y otra vez, con idiomas diferentes: "Cuando el filo justiciero esté cerca de la arrogancia más valdrá estar del lado correcto". Aunque parecía una tonteria la Malkavian era conocida por sus oráculos acertados, así que tomé buena nota de la advertencia. Además, de tanto insistir, nos dijo que los explosivos venían camino de Manchester desde Liverpool y que en Chester harían una parada.

Poco después subíamos al Aston Martin de Janet y tomábamos la autopista dirección Chester. No llegamos muy lejos. Tres vehículos aparecieron de la nada, nos embistieron, nos dispararon y nos hicieron detener. Entonces se inició un fuego cruzado que nos ocasionó muchas heridas, pero ninguna mortal para un vampiro. Entre Damien y Janet consiguieron ir acabando con los asaltantes poco a poco, aunque no fue fácil ya que se trataba de ghouls con poderes vampíricos. Yo, por mi parte, suficiente tuve con salir indemne del Aston Martin y obtener un poco de información sanguínea.

Tras la masacre nos dimos cuenta que dentro de uno de los coches asaltantes había alguien que no había participado en la pelea. Resultó ser Joel, del clan Toreador, al que habíamos visto esa misma noche en la reunión de la Central Library. Según nos dijo había conseguido infiltrarse en la cuadrilla sabbat y lo estaban a punto de llevar a su escondite secreto. Y nosotros lo habíamos estropeado. Evidentemente no me lo creí.

Finalmente volvimos a Manchester como pudimos y cada uno de nosotros se fue a su refugio a descansar.

La noche siguiente me reuní a primera hora con Cesar, mi Sire, para comentarle como iba la misión que nos había encomendado el Príncipe. Entre otras cosas me dijo que Lilith, una assamita que tenía cuentas pendientes con Paulos, rondaba por la ciudad. Pero nuestro clan sospechaba que otra razón oculta la había traido a Manchester y los Justicar podían estar detrás de todo ello. Lo más llamativo era el alias de Lilith: el Filo Justiciero.