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Información de la partida
  • Los Personajes Legendarios (ROLEMASTER)
  • Master: Jarrid
  • Resumen de Jarrid

Personajes: Silmar (elfo noldo sobrado, Raul), Izanûr (enano guerrero azorado, Peña), Harad (Escudero con recursos, Cardona)

Resumen
El condado del Fénix estaba falto de liquidez para afrontar los siguientes meses, así que Raphael, el administrador, organizó un viaje a la capital para pedir un crédito al BACA (Banco Autónomo de Crédito Automático). Era una oportunidad para los aburridos condes de volver al polvo del camino pero tener una posición elevada en el Reino no permite según qué cosas. Viajaron cargados de lujos innecesarios y Linhir Plumaligera, el Secretario de Protocolo, añadía más pompa a la comitiva para disgusto de Izanûr.

Tras 22 días de viaje lento y tedioso llegaron a Tar-Antalomë donde continuó la pompa y el boato en el Palacio Real. Incluso la sencillez y naturalidad del Rey se habían esfumado en estos tiempos de paz y prosperidad. Los condes, hastiados, decidieron escapar en cuánto tuvieron la ocasión y se dirigieron donde sabían que habría un lugar para ellos: la taberna de Bolgar.

El orondo posadero los recibió con gran algarabía (esa noche triplicó sus ingresos) y la cerveza y las anécdotas corrieron como un semental zamelí. Cuando la fiesta ya declinaba Izanûr revisó los pergaminos escritos por una cara donde se demandaban mercenarios dispuestos a todo. Allí encontró una oportunidad para recuperar viejas sensaciones: la captura y/o muerte de un afamado, pero de identidad desconocida, asesino letal.

Sus investigaciones empezaron esa misma noche y les condujo al enorme puerto, a sórdidas tabernas y a impúdicos prostíbulos. No fue hasta al cabo de dos días cuando encontraron una buena pista gracias a Harad: muchos de los 26 cazarrecompensas que habían emprendido la búsqueda y habían aparecido muertos en las aguas del puerto habían sido vistos por última vez en la Cornamenta Dorada, un burdel de mala reputación en el barrio portuario.

Izanûr y su escudero asumieron con resignación la carga de visitar otro lupanar y, una vez dentro, observaron con atención la gente allí congregada. Izanûr tenía sus propias sospechas sobre la misteriosa identidad del asesino, así que posó su mirada sobre la más bella, fascinante y sensual mujer del lugar. Ella le correspondió y con un discreto gesto y una mirada pícara lo invitó a sus aposentos particulares.

El conde estaba acostumbrado a yacer con las más bellas y experimentadas mujeres pero la experiencia que vivió en la mugrienta alcoba de la Cornamenta Dorada lo dejaría marcado para siempre. Tras varias horas de tira y afloja, mientras su cabeza reposaba sobre los voluptuosos pechos de la seductora meretriz, Izanûr arriesgó su vida con un acto heroico: "Creo que te conozco. Abandona este lugar y vente conmigo a mis tierras. Tendrás trabajo y libertad de movimiento. Únete a mi".

El noble enano abandonó la Cornamenta Dorada en compañía de su escudero, anadeando, confuso pero satisfecho por su perspicacia. Poco más quedaba por hacer en Tar-Antalomë, a excepción de asistir a una recepción Real donde debían degustar los más minimalistas platos y un insólito concierto de arpa de cuatro cuerdas de seis horas de duración. El día que la comitiva de los condes abandonaba la capital, Izanûr se giró en su montura para dirigir por última vez su mirada hacia el puerto. Su oferta no había tenido respuesta. ¿O sí? Vio a la nueva ayudante de cocina que se había unido a la comitiva. Vestía con recato y peinaba como un campesina. No era tan bella, ni fascinante ni sensual, pero su mirada pícara le respondía: "Sí, voy contigo".