Club de Rol Tirada Oculta

LA FRASE DEL DÍA

Nunca rompas el silencio si no es para mejorarlo
Ludwig van Beethoven

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Jarrid159
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Información de la partida
  • Los Personajes Legendarios (ROLEMASTER)
  • Master: Rasiel
  • Resumen de Jarrid

Jugadores: Mirundiel (Elfo gafado en combate, Cardona), Silmar (Elfo Noldor sobrado, Raul), Izanûr Targu (Enano testarudo, Peña), Togil Chopoalto (Hobbit más listo que el hambre, Ciu)

Resumen resumido de Togil Chopoalto
Recorriendo el laberinto llegamos de nuevo ante un acertijo que debía abrinos otra puerta. El acertijo era desconcertante por su fabricación, ya que se trataba de un pasadizo recto lleno de estatuas con antorchas y que cuando se llegaba al final del mismo volvía al inicio. Lo raro es que no se apreciaba ninguna curvatura en sus paredes. Tras mucho rompernos la cabeza llegamos a la conclusión que debían encenderse las antorchas de las estatuas en un orden determinado y solo algunas de ellas. Una combinación con miles de posibilidades. La verdad es que yo abandoné al cabo de un par de horas pero Izanûr, terco e incansable, no paró de probar y probar hasta que consiguió acertar la combinación correcta... varias horas después.

Accedimos luego a un nuevo pasillo que daba a derecha o izquierda. Giramos a la derecha y acabamos llegando a una sala que por la forma parecía el interior de una pirámide con paredes de mármol. En uno de los lados había una bola de cristal. Tras investigar un rato Silmar averiguó que la bola tenía poder propio y que si algún incauto lo convocaba debería enfrentarse a un enigma en aparencia fácil de resolver. Silmar había tenido una visión en que una voz sobrenatural decía "dieciocho" y otra voz respondía "nueve" y se abría la puerta. Luego otra visión en que la voz sobrenatural decía "ocho" y otra voz respondía "por el c... ¡¡cuatro!! Cuatro... ufff". Y después una tercera visión que donde la extraña voz decía "catorce" y otra voz respondía "siete".

Silmar nos comunicó lo que havía visto y como suponía la respuesta convocó el poder de la bola. La voz sobrenatural dijo "cero" y cuando Silmar iba a decir "cero" yo me adelanté y le dije "¡Nooo! ¡Espera! Es una trampa. Déjame a mi. La respuesta es CUATRO". Entonces se abrió una puerta en la pared más alejada de la sala. Aunque Silmar y Mirundiel me miraron anonadados (Izanûr estaba en babia) yo ya imaginaba que un acertijo que debía llevarnos a los secretos más profundos del legendario árbol Ohlagon no podía ser tan sencillo. Entonces recordé un pasaje de uno de los múltiples tratados que había estudiado sobre trampas y acertijos en el que aparecía un enigma similar y en el que la solución versaba más sobre letras que sobre cifras. En el caso que nos ocupaba ahora el reto no era saber la mitad de la cifra anunciada sino la cantidad de letras que componían dicha cifra.

La puerta nos condujo a una caverna natural enorme en la que al fondo se vislumbraba un estanque de profundidad indeterminada. Cuando nos aproximamos un poco vimos lo que escondía el oscuro líquido: ¡¡un kraken!! Pequeño, sí, pero un kraken al fin y al cabo. Tomamos posiciones y le combatimos con valentía, con Silmar e Izanûr como puntas de lanza, intentando llegar a base de mandobles hasta el corazón de la bestia. Tras una ardua pelea conseguimos derrotarle. Pero a qué precio. Poco antes del golpe definitivo el "joven" kraken había agarrado entre sus tentáculos a Mirundiel, lo había estrujado como a un mantecado (mmm mantecados... glglgl) y, finalmente, lo había aplastado contra el suelo. El pobre elfo murió al instante quedando convertido en un buñuelo (mmm buñuelos... glglgl).

Tras la muerte de nuestro compañero y del monstruo poco más quedó por hacer. No había más caminos que seguir y tampoco teniamos ganas de continuar. Recogimos todo el tesoro que pudimos y salimos del gran árbol para emprender el viaje de vuelta a nuestras tierras. Ése era un día triste.