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Información de la partida
  • Los Personajes Legendarios (ROLEMASTER)
  • Master: Jarrid
  • Resumen de Jarrid

Juego: Rolemaster - Los Legendarios
Master: Ciu
Jugadores: Izanûr (Enano malas pulgas, Peña), Silmar (Elfo Noldor engreído, Raul), Mirundiel (Elfo Silvano rompecorazones, Cardona), Horalim (Monje albino a su bola, Aran)

Resumen

Escena 1
Esa noche en la taberna "El Barril de Ron" sucedió una cosa que raramente sucedía y que los barones de Izanûr, Silmar, Horalim, Mirundiel y Chopoalto jamás habían visto: Bolgar, el tabernero, invitó a una ronda a toda la parroquia. Y más increíble aún, luego invitó a otra. Ante tal derroche de generosidad los barones no pudieron reprimirse de preguntarle al espléndido tabernero el porqué de su felicidad. La razón era simple: su hija Laiana, que se había casado hacía 4 años con un rico comerciante de pieles de Berdelaguer, regresaba a Tar-Antalomë para hacer una larga visita a su padre.

La noche pasó apacible y los barones pudieron degustar sabrosos platos como el "potaje de cordero Izanûr", la "ensalada 3 delicias Mirundiel", el "lechón en salsa a la Silmar", el "calamar con salsa de leche Horalim" o el "Bizcocho dulce de Togil" mientras trazaban los planes para el reciente viaje a sus tierras. Acordaron que partirían al cabo de 3 días en barco hasta el condado de Esmirnoff con su navío lleno de material para comerciar y con todos los libros que habían "rescatado" de la torre del nigromante.

Los días anteriores a que zarpara el barco los barones, el "Tornado Azul", gastaron el tiempo en sus quehaceres: Horalim y Silmar continuaron sus estudios de magia, Mirundiel aprovechó para pasar el máximo tiempo posible con Laetitia y se fué de excursión con ella a las montañas para poder pintar un cuadro. Pero el muy cazurro pintó un paisaje de la ciudad y el mar visto desde las montañas en vez de un retrato de su amada y ésta se enfadó. Por suerte para el elfo se le pasó pronto gracias a un par de palabras bonitas y unas caricias que precedieron a...


Escena2
Tres días después los barones llegaban al muelle dónde estaba amarrado su buque mercante. Allí encontraron a Bolgar que, debido a su impaciencia, estaba esperando ver en el horizonte a "El Cisne de Alkamar", el navío que traía a su hija y que no se le esperaba hasta el atardecer.

Los barones subieron a su buque mientras Togil se despedía de ellos ya que se quedaba para solventar unos asuntillos que tenía pendientes. Cuando el capitán estaba a punto de ordenar que se soltaran los amarres Izanûr le dijo que se esperara, que tenían que llegar dos pasajeros más. Y llegaron. Dos bellas señoritas que según el enano tenían que establecer un negocio en las tierras del Fénix.

Sin más contratiempos el barco zarpó a pesar de que el cielo encapotado no presagiaba un viaje plácido. La tormenta estalló a media tarde cuando el navío se dirigía a la Chispilla, un pequeño islote donde se cultivaba una especie muy buscada por los cocineros y que no crecía en ningún otro sitio. Excepto Izanûr que se escondió en el camarote del capitán, los otros barones lo pasaron mal en cubierta, donde a punto estuvieron de caer por la borda. Pero los momentos de peligro pasaron pronto gracias al buen hacer del capitán y sus marineros.

Pero algo ocurrió en medio de la tormenta. El vigía divisó a lo lejos un barco ardiendo y los barones, como máxima autoridad del buque, ordenaron virar y poner rumbo al navío en llamas. Al llegar se encontraron lo que más temían: "El Cisne de Alkamar" completamente destruido y toda su tripulación y pasaje asesinado.

El Cisne fue abordado y Silmar, Mirundiel, Horalim, el capitán y un par de hombres más saltaron a su cubierta. Durante un par de horas estuvieron investigando por todo el barco descubriendo entre los cadáveres algunos cuerpos de piratas (uno de ellos llevaba una extraña llave plana con hendiduras) y algo extraño: no había un solo cuerpo de mujer joven y, evidentemente, ni rastro de la hija de Bolgar (aunque tampoco hubieran podido reconocerla).

Cuando la tormenta había amainado Izanûr se atrevió a salir del camarote y saltar al otro navío. En su paso titubeante por la cubierta del Cisne pisó sin querer un cuerpo que soltó un gemido. Era un grumete con un gran tajo en el pecho aunque había esperanzas de que se recuperase. En esas condiciones el joven marinero solo pudo decir con voz débil: "... Len.. lengua ... de... fuego..."

Aunque los barones no sabía a qué se refería el capitán sí que lo sabía bien. "Lengua de Fuego" era el pirata más cruel y sanguinario de los quince mares, su nombre era temido incluso por los de su calaña y su estancia en el mar de Alkamar era una mala noticia para todos los reinos de alrededor. También dijo el capitán que la "Perla Negra" (ojalá la Disney no lea esto), que así se llamaba el barco de Lengua de Fuego, debía estar ahora rumbo a Port Garfland, el único puerto de estos lares que aceptaba navíos con el pabellón pirata.

A pesar de las órdenes de los barones el capitán les convenció de que era imposible alcanzar a la Perla Negra con su buque, pues las velocidad del pirata era muy superior aún cuando el "Tornado Azul" no llevara cargamento. También preguntaron por la posibilidad de perseguirlos con el Cisne de Alkamar pero el crucero estaba en pésimas condiciones ya que casi todas sus velas habían ardido. Además, cuando Izanûr oyó esto, hizo un agujero en el casco del Cisne (vete a saber porqué ). De todas maneras la brecha abierta por el enano no fue suficiente para hundir al Cisne, ya que su sentina era descomunal y pudo absorber toda el agua.

Casi al amanecer llegaron a la isla de la Chispilla y allí alquilaron un rápido bergantín que los llevara lo antes posible a Port Garfland, aunque antes dieron las órdenes precisas para que el "Tornado Azul" continuara con la ruta establecida. La tripulación del bergantín, un capitán y dos marineros, era gente de pocas palabras pero habituados a llevar con presteza un velero como ese.


Escena 3
Poco antes de medianoche arribaban a Port Garfland. Al poner pié a tierra les vino a ver un hombre mayor con aspecto pordiosero con la mano extendida reclamando dinero. Izanûr no debía estar muy de humor porque le pegó un puñetazo de buenas a primeras y luego lo remató en el suelo de una patada. Uno de los marineros, que sí sabía quién era ese hombre, le dejó unas monedas en el suelo para pagar el derecho a amarraje tal como había establecido el Gobernador Sandor hacía unos años.

El ambiente en el puerto era magnífico si eras un hombre rudo y tenías ganas de diversión a base de alcohol, comida grasienta, mujeres de dudosa moral y peleas sin motivo aparente. A esas horas de la noche las dos tabernas que estaban enfrente del muelle sacaban grandes barriles a la calle y la fiesta se montaba allí. Izanûr estaba en su salsa, o lo hubiera estado si de buenas a primeras no hubiera recibido un tremendo golpe en el abdomen que le hizo caer sobre sus rodillas y vomitar hasta el almuerzo. Su atacante, un hombre alto y corpulento con la cabeza rapada, aún sujetaba el taburete que había utilizado para golpear cuando le dijo a Izanûr "Tú no me gustas". El apestoso aliento a ron del rufián delataba que la afrenta no era personal y más cuando este se alejó de nuevo camino a la barra a pedir otra ronda. Sorprendentemente ninguno de los compañeros de Izanûr movió un dedo para vengar o auxiliar al enano, que estuvo un minuto en el suelo con arcadas.

Superado el incidente se separaron para buscar a "Lengua de Fuego". Silmar, Mirundiel y Horalim fueron de taberna en taberna buscando al pirata, mientras Izanûr se quedaba en el puerto haciéndose un impresionante tatuaje de un dragón en el brazo. Los marineros volvieron al bergantín para vigilarlo, pues suponían que pronto habría problemas.

Los tres barones tuvieron suerte en la segunda taberna que visitaron, un sótano maloliente con una parroquia ruidosa y violenta. Silmar se acercó al tabernero y le pidió una cerveza mientras miraba de reojo a una mesa con tres piratas a los que nadie molestaba. Dos de ellos parecían por su aspecto guardaespaldas del tercero. Silmar intentó leer la mente de ese mientras bebía distraídamente de su jarra de ron que el tabernero le había servido de malas maneras. El Noldo pudo ver en el interior de la mente del pirata que realmente era "Lengua de Fuego" y pudo ver también la carnicería que había provocado la noche antes y como por la mañana vendía las mujeres capturadas como esclavas a Shaktar el Mercader, en el Mercado de esclavos en la plaza Porchada.

Silmar ya sabía suficiente y no quería demorarse más en esa taberna, pues el pirata había cruzado la mirada con él. El elfo dejó la jarra sobre la barra y se encaminó a la puerta seguido de los otros dos. Realmente el Noldo fue bastante cuidadoso en todo momento pero ese no fue el caso de Horalim, que antes de cruzar el umbral se giró y saludó ostensiblemente a "Lengua de Fuego", quién sabe por qué razón.

Ya en la calle encaminaron sus pasos de nuevo hacia el muelle vigilando siempre a sus espaldas. E hicieron bien, porque un pirata los estaba siguiendo sin disimulo. Los barones torcieron por un callejón oscuro y cuando comprobaron que el pirata continuaba siguiéndolos se pararon, giraron sobre sus talones y se encaminaron hacia él. El pirata, al verse descubierto, intentó disimular, pero Silmar los barones le hicieron saber que no les gustaba que los siguieran.

Tras este incidente continuaron la marcha hacia el muelle no sin antes girar la cabeza y comprobar que el rufián entablaba conversación con otra persona. En el puerto aún estaba Izanûr sentado en la silla de tatuajes y les dijo que cuando acabara se reuniría con ellos en el bergantín. Una hora después todos hacían planes para rescatar a Laiana.


Escena 4
La mañana siguiente fueron a la Plaza Porchada, antes incluso que los mercaderes llegaran. Allí se enteraron como funcionaba el mercado y donde exponía Shaktar sus mercancías. Cuando éste llegó con su "material" los barones le abordaron como si fueran clientes para sonsacarle. El problema es que Shaktar no acostumbraba a preguntar a sus esclavos sobre su nombre ni sobre su vida y no recordaba nada de Laiana. Silmar le leyó la mente y comprobó que así era, pero pudo "ver" que "Lengua de Fuego" le había vendido por buen precio una docena de doncellas y que durante el resto del día las vendió todas a diferentes marchantes. Para no levantar más sospechas de las necesarias en Shaktar, Izanûr compró un par de esclavas y las puso a cuidar de Cosa.

Silmar sabía el nombre de los marchantes que habían comprado las doncellas. Preguntaron a un joven que estaba en el mercado por Lardon y Miruvor, los marchantes que habían comprado tres y cinco mujeres respectivamente. Se dio la casualidad que el muchacho era empleado de Miruvor y había ido al mercado a comprar botas de cerveza. Cuando éste acabó sus tareas acompañó a los barones a las afueras de la ciudad, donde podrían encontrar las mansiones Miruvor y a Lardon.

Miruvor, que era un rico algodonero que tenía grandes tierras dedicadas a la plantación de algodón, no tuvo problemas en recibir a sus visitantes. Esta vez los barones fueron directamente al grano y preguntaron por una esclava recién comprada llamada Laiana y por la posibilidad de recomprarla. Miruvor no sabía aún el nombre de las esclavas pero no tuvo inconveniente en negociar un precio por ellas. Después fueron a los campos de algodón donde una esclava anciana enseñaba a las recién llegadas como recolectar la fibra. Ninguna de las recién llegadas era Laiana pero una de ellas la había conocido durante el viaje y había hablado algunas veces con ella. Lapera, que así se llamaba la muchacha (la cual cosa provocó algunas sonrisas en los barones), les dijo que la había comprado un señor de una cincuentena de años, con poco pelo canoso y porte serio. Según Miruvor, la descripción coincidía con el criado de Lardon, el mercader de opio.

Tras negociar con Miruvor la compra de Lapera y un suministro mensual de algodón encaminaron sus pasos hacia las plantaciones de Lardon. Tras llamar a la puerta los recibió el criado canoso y Lapera lo reconoció como el comprador de Laiana. Lardon los recibió con agrado y esta vez los barones no se anduvieron con rodeos y preguntaron directamente cuánto pedía por Laiana. "Todo es negociable" - dijo Lardon con picardía mientras miraba coquetamente a Silmar - "La he comprado para que sea la sirvienta personal de mi esposa".

Finalmente no hubo intercambio de placeres muy a pesar de Lardon, pero sí que sacó gran beneficio por la deseada Laiana. En total Izanûr había gastado 750 monedas de oro de su bolsillo (aunque más tarde las reclamó del bote que guardaba Togil) en las cuatro muchachas esclavas.

En cuanto se hubo realizado la transacción marcharon rápidamente hacia el puerto para embarcarse lo antes posible en el bergantín. Por surte para ellos a esas horas de la mañana los rufianes estaban durmiendo la mona y no tuvieron ningún problema para embarcar. Pero cuando soltaban los amarres Izanûr y Horalim vieron a sendos conocidos suyos. Izanûr vio a su agresor de la noche anterior haciendo nudos en una goleta cercana, mientras que el monje vio como el interlocutor del pirata que los había seguido la noche anterior los estaba observando detenidamente desde la distancia. Ninguno de los dos dijo nada ni hizo nada agresivo, excepto Horalim que saludó al pirata como despidiéndose de él.

Escena 5
El "Barril de Ron" estaba cerrado desde que Bolgar fue informado de la tragedia del "Cisne de Alkamar". Había estado llorando durante dos días la pérdida de su hija y había logrado que los pocos inquilinos de las habitaciones fueran realojados en una posada cercana a mitad de precio. Por eso, cuando oyó que alguien llamaba a la puerta, se planteó si abrir o no. Finalmente venció su dolor y, con rostro fatigado, abrió al visitante. Se sorprendió cuando descubrió al otro lado de la puerta a Silmar, Horalim, Mirundiel e Izanûr pero más se sorprendió cuando el Noldo hizo al lado su corpachón y dejó a Laiana a la vista del orondo tabernero.

La conmoción dejó paso a la emoción y esta a un río de lágrimas que afectó incluso a Izanûr, aunque él dijera que le había entrado algo en el ojo. Luego Bolgar los hizo pasar a todos y, tras avisar a Togil, celebraron una pequeña fiesta privada con el mejor vino y la mejor cerveza de su bodega. Aunque eso solo fue el preludio de la gran fiesta que Bolgar organizó la noche siguiente en honor de los Audaces y Nobles Barones del Fénix.

FIN