Club de Rol Tirada Oculta

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El mundo entero se aparta cuando ve pasar a un hombre que sabe adónde va.
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Jarrid159
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Información de la partida
  • Los Personajes Legendarios (ROLEMASTER)
  • Master: Rasiel
  • Resumen de Jarrid

Jugadores: Izanûr (Enano, Peña), Silmar (Elfo Noldo, Raul), Mirundiel (Elfo Silvano, Cardona), Togil (Hobbit, Ciu), Horalim (Monje Albino, PNJ)

Resumen de Togil
Después de salver la vida a esa niña de Shangri-la de las manos de los malvados orcos seguimos nuestro viaje hasta Seninford, donde nos esperaba Mirundiel con devoción. Al llegar nos recibió el Conde en persona que, tras una cordial bienvenida, nos indicó que Mirundiel estaba en los jardines del Castillo con la dama Shenia. Fuimos a su encuentro y cuando le preguntamos por la urgencia de su aviso nos informó excitado que se preveía el nacimiento de su hija para dentro de poco, y que no quería que llegaramos tarde.

Dos días después llegó Silmar, que había estado desaparecido 3 meses. Nos explicó que había estado dando "un paseo", meditando, por los alrededores de Tar-Antalomë. Aunque no consiguió que yo dejara de sospechar que había estado visitando todos los prostíbulos de la ciudad, sobretodo cuando dijo que en el PUERTO había visto desembarcar a 5 aventureros que querían ver urgentemente al rey.

Durante una semana se hicieron preparativos para el parto. Silmar y Mirundiel contactaron con otros elfos para que dieran su bendición a la futura Peredhel (Medio Elfo). Los padres recibieron regalos de todos como la bella cuna de Izanûr o la muñeca especial de mi humilde persona.

Y por fin nació Anita, que así se llamó la bella hija de Mirundiel, al cabo de sólo 8 meses de gestación. Hubo grandes celebraciones y todo el pueblo de Seninford estuvo invitado a festejarlo. Pocos días más tarde nos íbamos todos de allí, incluido Mirundiel que lo dejó todo atado para que no le faltara de nada a la madre y a la hija.

Al llegar a Tar-Antalomë fuimos a la taberna de Bolgar a celebralo (lo que fuera) y luego a nuestra mansión, que ya estaba terminada. Allí nos esperaba Kalen, que nos mostró su excelente obra y después se despidió, ya que volvió a nuestras tierras para continuar la construcción del castillo. Raelian, nuestro abellán (mayordomo), nos notificó que el Rey requería nuestra presencia cuánto antes. Silmar había acertado en sus predicciones, pues los cinco aventureros que había visto en el puerto habían contactado con el Rey, pues eran viejos conocidos, y le habían pedido la ayuda de otros aventureros que les financiaran: nosotros. Acordamos una reunión en "El barril de ron" para conocerlos y nos despedimos de Su Majestad.

Por la tarde llegaron cuatro aventureros de extraña apariencia: un hombre robusto con una gran barba pelirroja, una mujer elfa de gran belleza y con una cota de malla de mithril, un hombre con ropajes de mago y un joven con los ojos vendados y que portaba un arco. De hecho había allí un quinto aventurero, un halfling con un anillo de sombras, pero no se descubrió hasta un rato más tarde.

Nos explicaron que eran grandes aventureros que antaño habían salvado numerosas veces al rey y a Tar- Antalomë, pero que en su última aventura habían tenido un percance con un Balrog en unas antiguas minas enanas y habían perdido todos sus ahorros. A cambio habían conseguido el plano de un tesoro, en una isla lejana y habitada por muchos orcos y otros seres malignos. Ahora nos proponían sufragar los gastos del viaje, se habían enterado de que disponíamos de un barco, y compartir el tesoro. Si el Rey en persona no los hubiera conocido ni siquiera nos lo hubieramos planteado. La voz cantante en la negociación la llevó Silmar y la fastidió por completo, ya que les ofreció sufragar el viaje y compartir el tesoro al 50% con lo que nosotros arriesgábamos más (barco, tripulación y bastante dinero) y nos llevábamos lo mismo. Vale, ellos tenían un mapa, pero nosotros no necesitábamos el tesoro tanto como ellos. Ellos eran pobres, nosotros no.

Finalmente aceptamos y tres días después zarpábamos del puerto de Tar-Antalomë con nuestro barco y nuestros cinco antagonistas. No tuvimos contratiempos durante todo el viaje por lo que llegamos a la isla en el tiempo previsto: 20 días. La isla tenía la misma atmósfera fúnebre que desprendía la isla de la Muerte. Viento helado, tierra yerma, árboles de raices retorcidas eran un paisaje común. Precisamente, en un árbol de raíces profundas, nuestros nuevos compañeros hallaron una entrada secreta tal como indicaba el mapa del tesoro. El túnel subterráneo nos llevó durante varias millas por las entrañas de una colina montañosa, apareciendo finalmente al otro lado en un valle tenebroso protegido por una niebla negra y densa que helaba el ánimo de cualquiera. Incluso mi primo tercero Jak Piesvivaces hubiera entristecido en ese lugar.

Encendimos antorchas y objetos mágicos brillantes y avanzamos con cuidado por miedo a ser descubiertos antes de hora, pero una sombra nos observaba desde la lejanía. Cuando se supo descubierta por los ojos profundos de Silmar hechó a correr hacia un Castillo sombrío y fué entonces cuando todos mostramos nuestro poder. Silmar se adelantó con tres saltos prodigiosos y los otros lanzamos nuestras flechas contra la rápida sombra. Sólo el joven de los ojos vendados y yo, por dos veces, pudimos clavarle nuestros proyectiles, lo que permitió a Silmar asestarle el golpe de gracia cuando estaba a punto de colarse por un ventanal.

En realidad la sombra era un orco y probablemente estaba como vigía. Dentro de ese castillo maldito debía haber todo un ejército de estas apestosas criaturas. Silmar se coló por el ventanal y luego abrió la puerta desde dentro. Estábamos a punto de entrar en el lugar más peligroso al sur de Tar-Antalomë.