Club de Rol Tirada Oculta

LA FRASE DEL DÍA

Nunca rompas el silencio si no es para mejorarlo
Ludwig van Beethoven

ADMINISTRACIÓN

Usuario:
Password:

TOP Escritores

Jarrid159
Sendero7
Izanur6
Julius2
Rasiel2
Información de la partida
  • Los Personajes Legendarios (ROLEMASTER)
  • Master: Jarrid
  • Resumen de Jarrid

Jugadores: Izanûr (Enano, Peña), Horalim (Monje, Aran), Pick Locks!!! (Kender, Alfonso), Togil (Hobbit, PNJ)

Resumen del Dios de la Oscuridad
Tras un par de meses en sus tierras los barones de Izanûr, de Mirundiel y de Chopoalto regresaban a Tar-Antalomë, la ciudad que vio nacer su leyenda. Regresaban para acompañar al barón de Horalim a la búsqueda de los libros del Nigromante y para ver las obras de su nueva mansión en la parte alta de la ciudad y también para intentar averiguar dónde se encontraba el barón Silmar que hacía tiempo que había desaparecido. Hay quienes dicen que desapareció en un prostíbulo de la ciudad, acompañado de una mujer y también de un hombre.

Pero a los tres días de viaje Mirundiel se lo pensó mejor y se dirigió a las tierras del Conde de Seninford, para visitar a la joven que había dejado embarazada y a la que no había vuelto a hacer caso hasta entonces. Es curioso los acontecimientos que se suceden implantando simplemente un leve sentimiento de culpa, HAW HAW HAW.

En Tar-Antalomë se encontraron con el monje Horalim que tenía mucha prisa por saquear la biblioteca de un discípulo mío que, curiosamente, en estos momentos se encuentra atrapado dentro del cuerpo del hobbit Togil Chopoalto, amigo de Horalim. Pasaron la noche en la "El Barril de Ron" porque su mansión aún no estaba terminada. Al día siguiente compraron suficientes caballos y carromatos para poder transportar la ingente cantidad de libros. Al volver a la posada se encontraron con un joven jinete que les traía noticias de Mirundiel: les pedía que se reunieran con él en el Castillo del Conde de Seninford, pues necesitaba de su ayuda en un asunto delicado. Salieron de inmediato.

A la semana de viaje pasaron la noche en Loguind-la, una aldea con un almacén, unas cuadras con caballos de refresco, una granja y la posada regentada por Nuki, un viejo enano que había sido un gran aventurero y que aún conservaba su magnífica hacha sobre la chimenea. En la posada también había un kender que, falto de gente interesante con quien hablar, se enganchó a ellos como una lapa soltera. Esa noche los barones le hablaron de sus tierras y de que se necesitaba a mucha gente que ayudara a levantar la ciudad, y eso le impresionó y deseó verlo con sus ojos. Izanûr conversó también con Nuki, pues se le veía experimentado en aventuras y este le confesó que en su juventud había hecho fortuna en tierras exóticas y que su arma había probado la sangre de poderosos enemigos. Sin embargo, se mostró reservado en cuánto a qué hacía alguien como él en una posada de camino en un pueblo en mitad de la nada. Tampoco le dió a Izanûr muchas esperanzas de venta de su magnífico hacha.

A la mañana siguiente partieron en compañía del kender, pero a media mañana alguien inesperado se cruzó en su camino. Una débil anciana avanzaba con paso inseguro por el terreno yermo. Tras darle un poco de agua la señora les explicó que intentaba llegar hasta la casa de un sanador, varias leguas al sur, donde hacía una semana había ido su marido para acompañar a su nieta que estaba enferma. El caso es que habían marchado a lomos de su caballo y esperaba su regreso para el día siguiente de la partida.

Los asquerosamente bondadosos barones tuvieron la amabilidad de acompañar a la vieja decrépita hasta el hogar del matasanos y limpiar así su conciencia... uy, que se me va la vena diabólica. Bien, el caso es que pocas horas después llegaron a la cabaña del sanador pero la visita sólo sirvió para que la desesperación se instalase en el frágil corazón de la mujer, ya que el hombre dijo que no había recibido la visita del marido de la señora ni de su nieta ni había tenido noticias de su presencia por la zona.

Los barones dejaron a la desmayada mujer en las manos expertas del sanador y fueron en busca de pistas que les permitieran encontrar a los desdichados viajeros. Tras varias horas de búsqueda encontraron restos de un campamento semioculto tras dos salientes de rocas, en las que se podían ver las huellas de un pie humano pequeño y de otro más grande. En la misma zona encontraron también múltiples pisadas de botas que hollaban (adoro esta palabra) la tierra y se encontraban con los otros dos pares de piernas más un caballo. La confusión era evidente pero hicieron sus hipótesis: el anciano y su nieta habían llegado con su caballo a este refugio para descansar, pero fueron sorprendidos por un grupo de humanos pesados, o mejor, digo... peor, orcos!!!.

Siguieron las huellas pesadas que salían de allí ahsta que vieron que se separaban en 2 grupos. Uno al sur y el otro al norte. Siguieron las huellas que iban al norte hasta que bien entrada la noche llegaron de nuevo a Loguind-la. Los pocos habitantes de la villa estaban despiertos, dando vueltas alrededor de las casas, pues el granero había sufrido un asalto y su dueño estaba inconsciente en la entrada. Por lo visto se habían llevado algo de comida y algunos objetos de campaña. También habían robado alguna oveja del granjero.

Tras hablar con los habitantes e interpretar lo que habían visto se dispusieron a partir de nuevo buscando las huellas que se dirigian raudas al sur. Nuki, que en esos momentos no tenía ningún cliente, les dijo que les acompañaría y para ello primero recogió el gran hacha que reposaba en lo alto de la chimenea.

La persecución duró toda la noche pues la oscuridad ocultaba el rastro y los barones empezaban a estar un poco cansados. Pero, finalmente, antes del mediodía, encontraron unas huellas que se introducían en una cueva. Poco hay que decir aquí: prepararon sus mejores armas y entraron arrasando con lo que encontraron. Y lo que encontraron fueron una decena de orcos medio preparados para el combate ya que habían oído todo el alboroto que habían organizado sus cazadores.

En menos de veinte segundos 4 orcos yacían muerto gracias a los poderosos brazos de Izanûr y Nuki y a la puntería de Togil con el arco. El resto fué un paseo. El hacha del enano posadero rebanaba cabezas de dos en dos, mientras Izanûr se encargaba del lider. Togil y Pick Locks hacían lo que podían, que no era poco y Horalim estuvo a punto de perecer combatiendo contra dos de esos bellos y malignos orcos cuando se disponía a liberar al anciano y a su nieta de la jaula donde estaban encerrados.

Finalmente todos los orcos menos uno murieron en esa cueva. A ese le dejaron para torturarle y averiguar que hacía un grupo de orcos en el reino de Tar-Antalomë. "Dejadmelo a mí" dijo Nuki; el enano apoyó el filo de su hacha en la pierna del prisionero y está empezó a abrirse paso lentamente a través de la carne a la vez que la herida cauterizaba debido al intenso frío que desprendía la hoja. A pesar del dolor inhumano, mi siervo aguantó como un campeón y su boca no soltó más que un repugnante escupitajo que alcanzó la cara de Izanûr, que era el que estaba haciendo las preguntas. Visto que mi campeón no iba a decir más que palabras malsonantes decidieron acabar con su vida inmediatamente.

El resto fué la típica historia ñoña de lo héroes del bien, dónde la niña es salvada al útlimo momento por el sanador que había ido a buscar Pick Locks y bla, bla, bla.