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Jarrid158
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Información de la partida
  • La Edad de Oro de Gondor (ROLEMASTER)
  • Master: Jarrid
  • Resumen de Jarrid

Personajes: Nexus (Medioelfo "Flecha Letal", Peña), Kuno (Dúnedain "Relámpago", Raul), Ballantine's (Enano "Hacha voladora", Cardona), Fatima (Humana polifuncional, Diana), Pillow (Mago elfo moribundo, PNJ), Argon (Dúnedain "el Joven", PNJ), Runo (Humano "el Viejo", PNJ), Ratón (Niña metamorfa, PNJ).

Resumen
Todavía muy debilitado, Pillow desistió de acabarse la sopa que Rami, la posadera, le había preparado. Luego, con un hilo de voz ronca pidió a sus compañeros que le dejaran a solas con Kuno. Extrañados por la petición (Pillow y Kuno nunca habían hecho buenas migas), uno a uno fueron abandonando la estancia y se dirigieron a la otra alcoba. Lo que Kuno y Pillow hablaran o hicieran mientras estuvieron solos quedó entre ellos.

Antes de que Nexus entrara en la otra habitación notó algo extraño: había un completo y abrumador silencio. Después de tantos años de viajes el medio elfo sabía cómo sonaba exactamente una posada a primera hora de la mañana y Rami no tenía fama de ser silenciosa. Se quedó en el umbral y esperó con todos los sentidos alerta. Primero silencio, luego varios pares de pies deslizándose en la planta baja, murmullos, órdenes susurradas. Una emboscada.

Nexus avisó a sus compañeros con gestos a sus compañeros y luego entró en la habitación del mago. Kuno se estaba lavando las manos ensangrentadas en la jofaina y Pillow volvía a estar inconsciente en su camastro. Entonces dejaron a Ratón, a los animales y a Argon como salvaguardia en esa estancia, la más alejada de las escaleras, y se prepararon para la batalla.

El medio elfo se colocó en lo alto de las escaleras con el arco a punto y los demás con sus espadas desenvainadas. Los asaltantes se sintieron descubiertos y precipitaron el ataque. Eran discípulos de Zu que buscaban vengar la agresión sufrida la noche anterior. Cuatro se parapetaron tras una mesa y subieron corriendo por las escaleras, Nexus clavó a uno de ellos con una flecha en el pie. Los otros trastabillaron y recibieron el ataque feroz de Kuno y Ballantine's. Los dos guerreros no se contentaron y siguieron descendiendo para embestir a un segundo grupo que también se cubría tras una mesa. Kuno golpeó y siguió avanzando pero Ballantine's se enfrentó a los que quedaban empuñando su mortal hacha KasarNurya. Uno de los letales tajos provocó que la víctima estallara en llamas.

Ya en la planta baja Kuno se topó con que les estaban esperando una docena de adeptos del culto Sith-Kragma. La buena notícia era que su exclusivo adiestramiento no incluía formaciones de batalla ni tácticas conjuntas. La mala noticia era que había tres arqueros. Kuno pudo evitar a duras penas los proyectiles pero Nexus, que había adelantado a Ballantine's, recibió una saeta en el muslo que por fortuna no destruyó ningún vaso sanguíneo importante. Runo, Ballantine's y Fátima los siguieron escaleras abajo y la pequeña posada de Ardacia se convirtió en el escenario de un baño de sangre. Poco a poco los compañeros fueron avanzando y, aunque encontraban fiera resistencia individual, los discípulos de Zu no sabían ni querían combatir como una unidad armada. Solo querían lucirse para escalar puestos en su complicada jerarquía.

De esta manera, metro a metro, Kuno, Nexus, Ballantine's, Fátima y Runo fueron abatiendo enemigos. Cada vez más duros y experimentados, pero solos dentro de su estrategia de combate. Había momentos en que parecía que uno de los compañeros iba a sucumbir pero pronto llegaba un compañero para apoyarle y vencer conjuntamente al contrincante. Pero había otro enemigo que estaban pasando por alto: el fuego. El hacha de Ballantine's había cortado, rasgado, hendido y quebrado. Y también había quemado. La magia de KasarNurya infligía horribles heridas ígneas y eso, en una posada de madera, podía pagarse muy caro.

Una vez hubieron acabado con el último enemigo Nexus se asomó por la puerta y lo que vio le heló la sangre. Una veintena de adeptos del culto esperaban fuera, varios de ellos armados con arcos y flechas. A la que salieran por la puerta serían acribillados. Urgía apagar el fuego y a ello se pusieron Ballantine's, Fátima y Runo acarreando barriletes de cerveza y arrojándolos a la hoguera que consumía el inicio de la escalera. Pero cometieron un error al tomar por cerveza un barrilete de auténtico aguardiente para la soldadesca de Kheled Khazad. La deflagración chamuscó los pelos de la barba de Ballantine's y la fogata se convirtió de repente en una pira que taponaba el acceso a la planta superior.

Kuno no se lo pensó. Cruzó el fuego y subió corriendo a la estancia donde estaban Pillow, Argon y Ratón. Entre los dos hombres de Gondor cargaron al elfo y las pertenencias de todos, y lo bajaron todo por el hueco de la barandilla de las escaleras. Pero la situación no era mejor que antes. El incendio ya había ahondado en la estructura de la posada y sólo era cuestión de tiempo que la estructura se viniera abajo. Fuera los esperaba un enemigo descansado que los superaba en número y tenía la posición ganada.

Kuno y Ballantine's no se rendían y se propusieron crear una maniobra de distracción para poder salir. Cogieron otro barrilete de aguardiente de Kheled Khazad y lo arrojaron por la puerta. Esa acción fue suficiente para que tres arqueros vislumbraran el hueco y dispararan sus proyectiles. Uno se clavó en la puerta, otro sobrevoló el interior de la posada y el último atravesó el antebrazo de Kuno, que se retiró viendo horrorizado como grandes chorros de sangre se escapaban de una de sus arterias.

Fue Fátima la que le salvó su vida al darse cuenta de la gravedad de su situación y aplicar con rapidez la raíz Anserke, que había podido adquirir recientemente en un herbolario de Umbar. De todas maneras la gran pérdida de sangre que había sufrido dejó a Kuno inconsciente, por lo que las probabilidades de salir vivos de ésta situación se reducían considerablemente.

Finalmente Nexus comprendió que una salida a la desesperada era un suicidio y decidió jugarse la última baza (salvo rezar a los Dioses) que le quedaba: Ratón, la misteriosa niña que le acompañaba. Nexus empuñó su flauta de hueso de dragón con la misma firmeza con la que podía sujetar su legendario arco y tocó la melodía que le habían enseñado Sher y Penn, los dragones de Irieth. Las notas fluían por el ambiente cargado de humo mientras los compañeros que aún seguían conscientes esperaban expectantes. Ratón empezó a temblar espasmódicamente. Brazos y piernas se encogieron. De la espalda surgieron protuberancias cartilaginosas. La cabeza se deformó. La piel mutó a escamas de cobre bruñido. Y, sobretodo, creció y creció hasta alcanzar la docena de metros de envergadura ocupando casi tres cuartas partes de la taberna. Ahora era Wiris, el dragón.

El medio elfo, su amigo, su protector, le preguntó si sería capaz de sacarlos a todos volando pero los compañeros eran demasiados. Wiris giró su largo cuello y absorbió parte del fuego de la escalera, lo saboreó y lo acumuló en sus fauces. Después echó hacia atrás ligeramente su cabeza y expulsó una gran bocanada de fuego hacia la puerta de la posada. La fachada reventó en un amasijo de madera abrasada, metal incandescente y llamarada atronadora. La mitad de los monjes guerreros que esperaban afuera murió prácticamente al instante. El resto fueron perseguidos y cazados cuando Wiris salió al exterior y se elevó majestuosamente.

Los compañeros no dudaron ni un instante. Salieron corriendo con los heridos a cuestas calle abajo, hacia la salida de la ciudad. Por el camino se apropiaron de caballos y un carromato mientras Wiris vigilaba que nadie se acercara. Cuando estuvieron todos dispuestos el dragón cobrizo se adelantó y destruyó las grandes puertas. Nadie se interpuso en su camino. El carromato tenía vía libre para la huida.

Una legua más adelante se encontraron con Ratón que había recuperado su forma infantil aunque algo en ella había cambiado. Su mirada era otra, entre decidida y gozosa. Ni siquiera su desnudez parecía incrementar su habitual timidez. Quizás empezaba a aceptar su verdadera naturaleza.

Al atardecer, y sin más incidentes, llegaron a una explanada donde estaba edificada "El Monje Silencioso", una posada que ya conocían. Aunque ahora, varios meses después de su última visita, presentaba un lúgubre aspecto.